Un cambio que puede marcar un antes y un después para muchos jóvenes.
Durante años, el Ingreso Mínimo Vital (IMV) ha sido una de las principales herramientas de apoyo económico para personas y familias en situación de vulnerabilidad en España. Sin embargo, uno de los aspectos que más dudas ha generado entre los ciudadanos es quién puede solicitar esta ayuda y en qué condiciones, especialmente entre los jóvenes adultos que todavía viven con sus padres. Una situación cada vez más común, marcada por la precariedad laboral y el encarecimiento de la vivienda.

En este contexto, la posibilidad de acceder al Ingreso Mínimo Vital sin vivir de forma independiente ha despertado un notable interés. Muchas personas mayores de 23 años se preguntan si el hecho de residir en el domicilio familiar excluye automáticamente el derecho a esta prestación. La respuesta, según la normativa vigente, no es tan simple y abre la puerta a escenarios que merecen ser explicados con claridad.
Quién puede solicitar el Ingreso Mínimo Vital viviendo con sus padres
La regulación del Ingreso Mínimo Vital contempla la figura de la unidad de convivencia, un concepto clave para determinar el acceso a la ayuda. En términos generales, la prestación se concede en función de los ingresos y del patrimonio del conjunto de personas que conviven en un mismo domicilio, no solo del solicitante individual.

No obstante, existen supuestos específicos en los que una persona mayor de 23 años puede solicitar el IMV incluso si vive en casa de sus padres. Esto ocurre cuando se acredita una situación económica propia claramente diferenciada o cuando concurren determinadas condiciones personales o sociales previstas en la normativa. El análisis, en estos casos, se realiza de manera individualizada por parte de la Seguridad Social, evaluando tanto los ingresos como la situación familiar concreta.
Otro aspecto relevante es la edad mínima. El Ingreso Mínimo Vital puede solicitarse a partir de los 23 años, salvo excepciones, siempre que se cumplan los requisitos de vulnerabilidad económica establecidos. Vivir con los padres no supone automáticamente una exclusión, pero sí implica que se tenga en cuenta el conjunto de ingresos del hogar, salvo que se reconozca una unidad de convivencia independiente.
Este enfoque busca equilibrar dos objetivos: garantizar que la ayuda llegue a quienes realmente la necesitan y evitar duplicidades dentro del mismo núcleo familiar. Por ello, es fundamental que las personas interesadas revisen con atención su situación personal y consulten la información oficial antes de iniciar la solicitud.
El creciente interés por esta posibilidad refleja una realidad social en transformación, donde la emancipación se retrasa y las ayudas públicas deben adaptarse a nuevas formas de convivencia. El Ingreso Mínimo Vital, en este sentido, sigue evolucionando como una herramienta central dentro del sistema de protección social, ajustándose progresivamente a las necesidades reales de la población.





