Descubre por qué a veces los productos parecen “pesar menos” de lo que indica la etiqueta y cómo funciona realmente el etiquetado y el peso legal.
En los últimos años han circulado numerosos mensajes en redes sociales y vídeos donde consumidores pesan productos comprados en supermercados y muestran diferencias entre el peso real y el peso declarado en la etiqueta. Esto ha generado desconfianza y ha llevado a muchas personas a pensar que las grandes cadenas están engañando al público.

Sin embargo, no siempre se trata de una estafa real ni de una práctica fraudulenta premeditada por parte de supermercados o fabricantes. En muchos casos, estas discrepancias se deben a varios factores técnicos y legales que conviene entender antes de sacar conclusiones precipitadas sobre el etiquetado de alimentos.
Por ejemplo, si pesas un producto en una báscula doméstica, esta puede no estar bien calibrada o nivelada, lo que provocará lecturas incorrectas. Además, las mediciones en laboratorio o en las industrias siguen controles técnicos mucho más estrictos que las básculas caseras, por lo que no siempre son comparables.
Otro punto importante es que la legislación contempla tolerancias de peso legales. Es decir, no todos los envases tienen que pesar exactamente lo que indica su etiqueta, y pequeñas variaciones están permitidas siempre y cuando cumplan con los límites establecidos para cada rango de peso.
Claves para interpretar correctamente el etiquetado
1. El peso indicado en la etiqueta no siempre es exacto al gramo
Cuando un producto muestra en su etiqueta, por ejemplo, 500 g, puede haber diferencias muy pequeñas dentro de lo permitido legalmente. Esto no significa necesariamente que se esté engañando al consumidor, sino que existen márgenes aceptados por la normativa para compensar variaciones normales de producción y envasado.

2. Las básculas caseras no son infalibles
Muchos consumidores pesan un producto en casa y observan diferencias con el peso declarado. Sin embargo, las básculas domésticas pueden perder precisión con el tiempo y no estar perfectamente calibradas.
3. Pesar el producto cerrado es lo más fiable
Si se quiere comprobar el peso real, lo más preciso es pesar el paquete cerrado, tal como se hace en los controles técnicos, y no después de vaciarlo o manipularlo.
4. Denunciar solo si hay pruebas claras
Solo en casos donde se demuestre que el peso real supera las tolerancias legales y existe un incumplimiento claro del etiquetado, el consumidor puede presentar una reclamación formal en la tienda o ante las autoridades de consumo.
En definitiva, aunque pueda parecer que algunos productos pesan menos de lo que indica su etiqueta, esto no siempre implica que los supermercados estén engañando a los clientes. Las diferencias pueden estar dentro de los márgenes legales o deberse a herramientas de medición poco precisas en el ámbito doméstico. Antes de asumir un fraude, es importante conocer cómo funciona realmente la normativa y el control del peso en los alimentos.





