Una superstición que atraviesa siglos, culturas y continentes sigue influyendo en la arquitectura moderna: la misteriosa ausencia del piso número 13 en edificios y hoteles. Pero, ¿de dónde nace este temor y por qué sigue vigente hoy?
El rechazo al número 13 tiene raíces profundas en la historia y la religión. En muchas culturas occidentales, el 13 se asocia con la mala suerte, una creencia que se remonta a la Última Cena, donde Judas Iscariote —el traidor— ocupaba el decimotercer lugar en la mesa.

También en la mitología nórdica, el número 13 aparece vinculado al caos y la desgracia, reforzando la idea de que se trata de un número maldito. Con el paso del tiempo, esta percepción se consolidó hasta influir incluso en decisiones prácticas y cotidianas, como la numeración de los edificios.
En la Edad Media, el temor al 13 se intensificó aún más, y todavía hoy muchas personas experimentan triscaidecafobia, el miedo irracional a este número.
Arquitectura moderna: tradición, marketing y psicología
En la actualidad, la ausencia del piso 13 responde menos a la superstición y más a una estrategia comercial y psicológica. Muchos hoteles y edificios eliminan el número para evitar incomodidad o rechazo entre los huéspedes, especialmente en países donde esta creencia está muy arraigada.

En lugar del piso 13, suelen aparecer alternativas como el 12A, el 14, o simplemente se omite el número. Aunque estructuralmente el piso existe, no aparece en el ascensor ni en la señalización, creando la ilusión de que no está allí.
Curiosamente, esta práctica no es universal. En algunas culturas asiáticas, por ejemplo, el número temido no es el 13, sino el 4, asociado a la muerte. Esto demuestra que el diseño de los edificios también refleja creencias culturales locales.





