Descubre las estrategias psicológicas y comerciales detrás de la organización cambiante de los productos en los supermercados.
Hacer la compra es una actividad cotidiana que hacemos sin pensar demasiado, pero la ubicación de los productos dentro del supermercado no es casualidad. Las grandes cadenas de distribución estudian cuidadosamente dónde colocar cada artículo para influir en nuestro comportamiento de compra.
El motivo principal por el que los productos cambian de sitio es hacer que recorramos más pasillos buscando lo que necesitamos, aumentando así la probabilidad de que encontremos productos que no teníamos en mente adquirir. Cuanto más tiempo pasemos dentro de la tienda, más opciones tenemos de meter artículos extras en el carrito y, por lo tanto, incrementar el gasto total.
Para lograr este objetivo, los supermercados realizan estudios y análisis sobre la conducta del cliente y redestribuyen sus productos basándose en estrategias definidas por expertos en consumo y marketing.
La organización de los productos no es aleatoria:
Los artículos de primera necesidad como leche, agua o higiene suelen estar lejos de la entrada, obligando al cliente a recorrer varios pasillos antes de encontrarlos.
Los productos que más se quieren destacar suelen ubicarse en pasillos laterales o en la derecha, donde la vista del comprador tiende a fijarse primero.
Los productos más baratos o menos atractivos se colocan en estantes altos o bajos, fuera de la altura natural de la mirada, para potenciar la visibilidad de artículos más rentables.
Además, los supermercados han modificado el tamaño de los carros de compra: al aumentar su capacidad, se genera la sensación de llevar un carrito “vacío” que invita a llenarlo más.
La zona de ofertas y descuentos también está diseñada con un propósito:
Los precios terminados en cifras como 9,99€ suelen llamar más la atención que precios redondeados, aunque la diferencia sea mínima.
Los artículos en promoción suelen ubicarse en áreas con cierto “caos visual” para atraer la mirada y fomentar compras impulsivas.
Por último, justo antes de llegar a las cajas de pago, se colocan productos pequeños y llamativos, como dulces o snacks, con el objetivo de que los clientes añadan compras de última hora sin planearlo.
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