La sorprendente historia de cómo un invento tan cotidiano como el carrito de compras fue rechazado cuando apareció por primera vez y terminó cambiando para siempre la forma de comprar.
Los carritos de compras son hoy indispensables en supermercados de todo el mundo. Sin embargo, cuando fueron presentados por primera vez en la década de 1930, causaron rechazo entre los clientes. Lo que ahora consideramos una herramienta básica de consumo fue, en su origen, un invento lleno de resistencias culturales y prejuicios sociales.

Un invento revolucionario… que no gustó al principio
El carrito de compras fue creado por el empresario estadounidense Sylvan N. Goldman en 1937 para resolver un problema claro: los compradores dejaban de elegir productos cuando sus cestas de mano se volvían demasiado pesadas. Inspirado en una silla plegable con ruedas y dos cestas, Goldman desarrolló un carrito sobre cuatro ruedas que permitía llevar más productos sin esfuerzo.
Pero la reacción de los clientes no fue la esperada. Muchas personas simplemente no querían usarlo. Para las mujeres, el carrito recordaba demasiado a un cochecito de bebé, algo que ya empujaban en su vida diaria y no deseaban repetir dentro de la tienda. Por otro lado, los hombres sentían que empujar un carrito hacía que parecieran débiles o poco masculinos, prefiriendo cargar con las cestas tradicionales en sus brazos.
Goldman se sorprendió porque creía que su invento sería un éxito inmediato. En el primer día de uso, vio numerosos compradores en la tienda y ninguno utilizando los carritos. Esta falta de adopción puso en evidencia cómo incluso una idea útil puede chocar con normas culturales y estereotipos del comportamiento social.
De rechazo social a símbolo del consumo moderno
La aceptación del carrito no llegó de inmediato, pero sí eventualmente. Para superar las resistencias, Goldman y su equipo emplearon estrategias de marketing y demostraciones prácticas: contrataron a personas que paseaban por la tienda con los carritos para que otros clientes vieran su utilidad y colocaron saludadores en la entrada ofreciendo los carros directamente. Con el tiempo, la gente empezó a imitarlos.
La llegada de los supermercados de autoservicio también fue clave. Antes, los compradores iban a tiendas donde un empleado recogía los productos; con los supermercados, los clientes tenían libertad para recorrer pasillos y elegir por sí mismos. El carrito se volvió entonces una herramienta esencial para aumentar la cantidad de compras y facilitar la experiencia de consumo.
Hoy, el carrito de compras no solo es un símbolo del consumo masivo, sino también un elemento que modifica comportamientos: permite recorrer más pasillos, añadir más productos y, en definitiva, transformar la forma en que compramos semanalmente.





