Cada vez más expertos recomiendan dejar de comprar pechugas sueltas y apostar por el pollo entero. Es más económico, más sabroso y mucho más versátil en la cocina diaria.
Comprar bandejas de pechuga de pollo parece práctico, rápido y limpio. Sin embargo, detrás de esa comodidad se esconde una decisión poco eficiente tanto para el bolsillo como para el sabor. El pollo entero vuelve a ganar protagonismo en muchas cocinas por motivos que van mucho más allá del precio.

Más ahorro y mejor rendimiento en la cocina
El primer motivo es claro: el pollo entero es mucho más económico. Cuando compramos solo pechugas estamos pagando el trabajo de despiece, el envasado y la selección de la parte “premium” del animal. En cambio, al adquirirlo entero, el coste por kilo suele ser considerablemente menor.
Además, el rendimiento es mayor de lo que parece. De un solo pollo puedes obtener:
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Pechugas para filetes o plancha
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Muslos y contramuslos para guisos o al horno
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Alas para aperitivos
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Carcasa y huesos para caldos caseros
Es decir, con una sola compra puedes planificar varias comidas y aprovechar absolutamente todo, reduciendo también el desperdicio alimentario.
Más sabor y más posibilidades
El segundo gran motivo tiene que ver con el sabor. Cocinar el pollo con hueso y piel aporta mucha más jugosidad e intensidad. Las pechugas, al ser una carne magra, tienden a quedar secas si no se preparan con cuidado. En cambio, las piezas del pollo entero mantienen mejor la humedad durante la cocción.
Por último, está la versatilidad. Comprar el pollo entero permite adaptarlo a cualquier receta: asado tradicional, despiece para saltear, guisos reconfortantes o incluso preparaciones internacionales. Además, si te animas a trocearlo en casa, ganarás autonomía en la cocina y aprenderás a sacar más partido a cada ingrediente.
En tiempos donde ahorrar sin renunciar a la calidad es fundamental, volver al pollo entero es una decisión inteligente, práctica y mucho más sabrosa.





