Herencia sin repartir: qué significa el estado de indivisión y a qué bienes afecta.
Tras el fallecimiento de una persona, uno de los momentos más delicados es la gestión de su herencia. Aunque a menudo se da por hecho que los bienes se reparten de forma automática, la realidad jurídica es distinta. En muchos casos, el patrimonio del fallecido entra en una fase transitoria conocida como estado de indivisión, una situación frecuente pero no siempre bien comprendida por los herederos.
El estado de indivisión hereditaria se produce cuando existen varios herederos y el reparto de los bienes aún no se ha realizado. Durante este periodo, ninguno de ellos es propietario exclusivo de un bien concreto, sino que todos comparten derechos sobre el conjunto del patrimonio. Esta circunstancia puede generar dudas prácticas y legales, especialmente cuando se trata de usar, vender o administrar los bienes heredados.
El estado de indivisión de la herencia comienza desde el momento del fallecimiento del causante y se mantiene hasta que se lleva a cabo la partición hereditaria. Durante este tiempo, los bienes no pertenecen de forma individual a cada heredero, sino que forman una masa común. Cada heredero posee una cuota abstracta sobre el total de la herencia, pero no sobre bienes específicos.
Esta situación es habitual cuando hay más de un heredero y aún no se ha firmado el reparto formal. También puede prolongarse por desacuerdos entre las partes, por la complejidad del patrimonio o por decisiones conscientes de mantener la herencia indivisa durante un tiempo. La ley no impone un plazo máximo para dividir la herencia, aunque cualquier heredero puede solicitar la partición en cualquier momento, salvo excepciones previstas legalmente.
En cuanto a los bienes afectados, el estado de indivisión alcanza tanto a bienes inmuebles como viviendas, terrenos o locales, como a bienes muebles, cuentas bancarias, vehículos y otros activos. Todos ellos quedan sujetos a una gestión conjunta. Esto implica que decisiones relevantes, como alquilar un inmueble, venderlo o realizar determinadas mejoras, requieren el acuerdo de los coherederos o, en su defecto, la intervención judicial.
Mientras dura la indivisión, los herederos también comparten las obligaciones asociadas al patrimonio, como gastos de mantenimiento, impuestos o cargas. Al mismo tiempo, tienen derecho a los beneficios que puedan generar los bienes, siempre en proporción a su cuota hereditaria.
El estado de indivisión no es, por tanto, una anomalía, sino una fase natural del proceso sucesorio. Comprender su funcionamiento ayuda a los herederos a tomar decisiones informadas y a gestionar el patrimonio común con mayor claridad, especialmente en contextos donde el reparto no es inmediato y la herencia continúa formando parte de la vida cotidiana de quienes la comparten.
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