Un gesto sencillo que casi nadie tiene en cuenta puede marcar la diferencia en el consumo energético de tu hogar y prolongar la vida útil del electrodoméstico.
La lavadora es uno de los electrodomésticos que más electricidad consume en casa. Sin embargo, existe un gesto tan simple como efectivo que puede ayudarte a reducir el gasto energético y evitar averías costosas. Se trata del llamado “truco de la puerta”, una práctica que muchos desconocen y que puede traducirse en un ahorro considerable a final de año.
Después de cada lavado, la mayoría de las personas cierran la puerta de la lavadora automáticamente. Sin embargo, los expertos recomiendan dejarla entreabierta durante varias horas.
¿La razón? Al mantener la puerta cerrada, la humedad queda atrapada en el interior del tambor y en las juntas de goma. Esto favorece la aparición de moho, malos olores y acumulación de bacterias, lo que a largo plazo puede afectar al funcionamiento del aparato.
Permitir que circule el aire ayuda a que el interior se seque completamente, evitando el deterioro prematuro de componentes clave. De este modo, se reduce el riesgo de averías y se prolonga la vida útil del electrodoméstico, algo que puede suponer un ahorro de cientos de euros en reparaciones o sustituciones.
Puede parecer que este gesto no tiene relación directa con el consumo eléctrico, pero sí la tiene. Una lavadora en mal estado o con acumulación de residuos necesita más energía para funcionar correctamente.
Cuando el tambor y los conductos están limpios y secos:
El motor trabaja con mayor eficiencia.
Se reducen los ciclos de lavado adicionales por malos olores.
Se evita el uso frecuente de programas de alta temperatura para “desinfectar”.
Además, mantener la lavadora en buen estado evita fallos técnicos que pueden incrementar el consumo energético sin que el usuario lo perciba.
Si quieres maximizar el ahorro, acompaña este truco con otras prácticas sencillas:
Lava en frío siempre que sea posible.
Utiliza programas eco.
No sobrecargues el tambor.
Limpia periódicamente el filtro y la goma.
Con pequeños cambios en tu rutina diaria, puedes notar una diferencia real en tu factura eléctrica. A veces, el ahorro no está en grandes inversiones, sino en gestos simples que repetimos cada día sin pensar.
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