Nada en el supermercado está colocado al azar. La ubicación de la fruta y el pan responde a una estrategia estudiada para influir en tus decisiones de compra sin que lo notes.
Entrar en un supermercado parece un gesto cotidiano y automático. Sin embargo, cada paso que damos dentro del establecimiento está cuidadosamente planificado. Desde la música ambiental hasta la iluminación, pasando por la distribución de los productos, todo responde a una estrategia de marketing diseñada para aumentar el tiempo de permanencia y, en consecuencia, el gasto final.
Uno de los detalles más llamativos —y a la vez más desconocidos para muchos consumidores— es la colocación de la fruta y la verdura en la entrada y del pan en la parte más alejada del local. Esta decisión no es casual.
Nada más cruzar la puerta, el cliente suele encontrarse con una sección colorida y luminosa llena de frutas y hortalizas. El objetivo es generar una primera impresión de frescura, calidad y abundancia.
Los colores vivos —verdes, rojos, amarillos— transmiten sensación de salud y bienestar. Esto provoca un efecto psicológico inmediato: el comprador entra con la percepción de estar en un espacio donde predominan los productos frescos y naturales.
Además, comenzar el recorrido con alimentos considerados saludables puede influir en las decisiones posteriores. Según expertos en consumo, cuando llenamos el carrito con productos “positivos”, nos sentimos más predispuestos a permitirnos pequeños caprichos después, como snacks o dulces. Es un fenómeno conocido como “licencia moral”.
Por otro lado, la sección de frutas y verduras suele situarse en espacios amplios, bien iluminados y con espejos estratégicos que multiplican visualmente la cantidad de producto. Todo está pensado para transmitir abundancia y frescura.
El pan es uno de los productos más demandados. Muchas personas acuden al supermercado exclusivamente para comprarlo. Entonces, ¿por qué colocarlo al fondo?
La razón es sencilla: obligar al cliente a recorrer la mayor parte del establecimiento antes de llegar a él. En ese trayecto, el consumidor pasa por múltiples secciones con ofertas, productos colocados a la altura de los ojos y artículos de compra impulsiva.
El mismo principio se aplica a otros productos básicos como la leche o los huevos, que también suelen estar situados en zonas alejadas de la entrada. Cuanto mayor sea el recorrido, mayores son las probabilidades de que el cliente añada artículos no previstos a su cesta.
Además, el olor a pan recién hecho —cuando la panadería está integrada en el supermercado— juega un papel clave. El aroma estimula el apetito y genera una sensación de confort que favorece la compra emocional.
La próxima vez que entres en un supermercado, fíjate en el recorrido que haces casi sin pensar. Nada está puesto al azar. Desde la fruta en la entrada hasta el pan en el fondo, todo forma parte de una estrategia diseñada para influir en tus decisiones de compra. Conocer estos mecanismos no solo despierta curiosidad, sino que también puede ayudarte a comprar de forma más consciente.
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