David Horna, ganador de un premio de EmTech, destaca que el reconocimiento del MIT le ha facilitado encontrar financiación

“Ser una pequeña empresa científica nos da una agilidad imposible para una multinacional”

David Horna, con 31 años, recogió el pasado año un premio 'Innovadores Menores de 35' de EmTech. El galardón que le ha permitido lograr los fondos necesarios para desarrollar Aglaris Cell, una empresa de cultivo celular que se dedica a automatizar los sistemas de cultivo de células. Unos meses después trabaja en un prototipo para automatizar los sistemas de cultivo celular y generar así medicamentos vivos.

“Ser una pequeña empresa científica nos da una agilidad imposible para una multinacional”David Horna, durante el EmTech 2012. /EMTECH
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Un grupo de ‘business angels’ encabezado por Manuel Fuertes, director general en España de Isis Innovation de la Universidad de Oxford, puso el capital necesario y ahora el equipo está constituido por los tres socios fundadores y un empleado adicional de laboratorio. David volverá este año al EmTech, que se celebra en Valencia los días 5 y 6 de noviembre.



-¿Qué ha significado para su carrera empresarial ganar el premio 'Innovadores Menores de 35' en EmTech 2012?



La verdad es que me ha abierto puertas. Conseguir un premio en el EmTech del MIT, que es una de las mejores universidades del mundo, supone un reconocimiento muy grande a nivel mundial. Eso nos permitió, entre otras muchas cosas, conseguir financiación hace menos de tres meses a través de un fondo de inversión británico.



-¿Cómo trabajó para conseguir los fondos necesarios para el proyecto?



A base de mucho esfuerzo. Hace falta tener un buen proyecto, eso es imprescindible. Lo segundo es tener un equipo mejor todavía, debes estar rodeado de lo mejor y el inversor tiene que confiar en ti. Y, finalmente, es que el inversor gane dinero. El inversor debe ver la necesidad con mercados muy grandes o que pueden tener un crecimiento exponencial.



-¿Qué buscan los inversores en un proyecto?



La mayoría busca que el proyecto tenga una tecnología disruptiva y que sean el futuro. Al definirnos el TR35 como tecnología disruptiva, eso ya lo teníamos.



-¿Cómo es la relación de los inversores con un empresario innovador?



La relación con nosotros es buena, no hay demasiada intervención en el día a día de la empresa, más allá de que están en el consejo de administración y de que tenemos reuniones mensuales. Si no hubiese sido un socio que, además de dinero, fuera a aportar algo más no lo hubiera escogido. Tiene experiencia en biotecnología y bastantes contactos internacionales.



-¿Cómo evoluciona la puesta en el mercado de vuestro producto? ¿Tenéis ya un prototipo?



Con la inversión hemos conseguido arrancar el viaje. Hemos contratado a una persona y estamos ya subcontratando los trabajos de ingeniería. Esperamos en poco tiempo, quizás a finales de octubre, tener un primer prototipo semi-funcional.



-¿Cuáles son los siguientes pasos? ¿Estáis muy lejos de la fase comercial?



Estamos muy lejos aún de la fase comercial. En las empresas tecnológicas las inversiones son a largo plazo. La fase comercial puede tardar entre 2 y 3 años.  



-Antes de emprender con Anglaris Cell, fundaste otra empresa tecnológica llamada Sagetis Biotech. ¿Qué valor te ha aportado esa experiencia previa para tu proyecto actual?



Es muy importante. Después de fundar Sagetis Biotech empezamos a hacer estudios de mercado, a investigar cómo funciona el emprendimiento y la gestión de empresas. Hicimos un plan de empresa. Aprendí a negociar con proveedores, con inversores de capital riesgo, a viajar por toda Europa y Estados Unidos. Todo ello me sirvió como aprendizaje.



-¿Cuál es la ventaja competitiva de Aglaris Cell? ¿Cómo competís con los grandes gigantes del sector biotecnológico?



Somos pioneros en producción de células y reprogramación celular y eso es un hecho diferencial respecto a otras compañías. Además, al ser una empresa pequeña nacida de emprendedores científicos, tenemos una flexibilidad muy grande. Nuestra estructura pequeña nos permite tener una gran agilidad. Nuestra velocidad a la hora de idear, pensar y hacer es muy grande, algo imposible para una multinacional aunque tenga muchos recursos económicos.



-¿Qué importancia tienen las patentes en un sector como el biotecnológico?



Patentar es imprescindible en el sector. La patente es una protección. De hecho, las grandes empresas evitan riesgos comprando patentes. Nuestra competencia no está en las grandes empresas, sino en las que son como nosotros.



-¿Os afectan las guerras de patentes?



Nos afecta mucho. Si tenemos una patente y alguien intenta copiarla, para nosotros es difícil defendernos. Es muy caro. Es una estrategia, porque la patente te da protección y opciones de futuro pero, al final, la protección es relativa.