Lladró, la empresa familiar que cambia de manos

Lladró, la empresa familiar valenciana conocida en el mundo entero, lleva tiempo sin pasar por sus mejores momentos. 

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Durante 2014 Lladró facturó 37,7 millones de euros, para 2015 la cifra descendió hasta los 34,94 millones de euros. Con los comienzos de la crisis económica a nivel mundial este imperio valenciano fue viendo cómo se producía una caída notable de sus ventas.

Una gran empresa familiar

Lladró, fundada por tres hermanos hace más de sesenta años, ha podido comprobar cómo descendían las cifras en sus ventas, pero lo que no ha podido ver es que las tensiones entre los miembros del negocio familiar descendieran también.

Según el Instituto de Empresa Familiar, ocho de cada diez empresas no logran sobrevivir a la tercera generación de propietarios. Esto es lo que parece que está pasando con una firma como Lladró, para la que en otros tiempos dorados la situación actual parecía imposible.

La relación de Juan, José y Vicente, los tres hermanos fundadores de la empresa, nunca ha sido idílica, y a pesar de ello lograron una gran fama mundial gracias a sus figuras de porcelana. En cambio, parece que las nuevas generaciones no han podido devolver los buenos tiempos al negocio.

Con el testigo en las nuevas generaciones, recogido y ostentado en una dura época de crisis económica y arrastrando las siempre controvertidas relaciones familiares, el futuro de la reconocida firma y su supervivencia pasan por ponerla a la venta.

Los comienzos de Lladró

Hijos de agricultores, los tres hermanos fueron matriculados en la Escuela de Artes y Oficios por una madre que esperaba un futuro muy prometedor para ellos. Y así fue.

Los hermanos Lladró Dolz comenzaron a crear sus primeras piezas de cerámica y vidrio en 1953, piezas que cocían en un horno moruno situado en el patio trasero de su casa familiar en Almàssera.

Cinco años después, y tras el interés despertado por sus creaciones entre todos los vecinos, los hermanos trasladaron el negocio a una nave industrial situada también en una localidad valenciana.

Además pusieron en marcha una Escuela de Formación Profesional y lograron que su nave industrial acabará convirtiéndose en la conocida Ciudad de la Porcelana. Con todo, la empresa familiar era ya toda una compañía que comenzaba su expansión internacional, lo que acabó convirtiéndola en todo un imperio.

Durante la mejor época de la compañía las cifras hablaban solas, de diez figuras de porcelana vendidas en el mundo siete llevaban la firma Lladró. En esa época, cuando todo marchaba mejor que bien, fue cuando los tres hermanos creyeron que era el momento de ir introduciendo a las nuevas generaciones en el negocio familiar.

El relevo generacional fue entrando, los controles del negocio cambiaron de manos y se repartieron; algunos hermanos adquirieron más protagonismo, otros quedaron algo más relegados. El Consejo de Administración del negocio se compuso con las nuevas generaciones, pero mientras tanto la compañía estaba dejando de cumplir objetivos, y el abultado reparto familiar dificultó mucho la toma de decisiones rápidas.

Con el paso de los años, el reparto de la empresa se rehizo, y al final en 2007 el 70% de la compañía quedaba en manos de Juan y sus hijas, y el resto se repartía entre José, Vicente y los suyos. En aquel entonces, tanto las tensiones por las malas cifras de negocio como las familiares no estaban haciendo ningún bien a la conocida firma de porcelana.

La venta del negocio familiar

La decisión de vender el negocio familiar a un tercero, tras las idas y venidas en el consejo de administración, los roces familiares y los malos números de negocio, supone para la familia Lladró un punto y final para una trayectoria que ha durado más de 60 años.

Pero la familia tiene claro que la venta es la única salida posible para asegurar el futuro de negocio, negocio que ha sufrido un ERE bastante reciente.

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