Tupperware, el plástico con historia

Hoy en día todo el mundo conoce los productos Tupperware. Presentes en millones de cocinas de todo el mundo, quien más y quien menos ha adquirido uno o se lo ha llevado de casa de sus padres bien repleto de comida casera. De hecho, a cualquier envase que permita almacenar y congelar comida al vacío le llamamos tupper, aunque no sea de la marca en cuestión. 

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Hoy en día todo el mundo conoce los productos Tupperware. Presentes en millones de cocinas de todo el mundo, quien más y quien menos ha adquirido uno o se lo ha llevado de casa de sus padres bien repleto de comida casera. De hecho, a cualquier envase que permita almacenar y congelar comida al vacío le llamamos tupper, aunque no sea de la marca en cuestión.

Tupperware es la marca que se popularizó con la fabricación y venta de envases herméticos de plástico, usados para guardar y congelar alimentos. Envases que en su momento revolucionaron el mercado y que, a día de hoy, se siguen comercializando en todo el mundo. Detrás de la marca hay una interesante historia, con dos protagonistas destacados, ideas innovadoras de marketing para la época y alguna que otra disputa por el protagonismo.

Su creador, Earl Silas Tupper, fue un Ingeniero Químico, empleado de una Planta Química donde realizó experimentos con plásticos antes de la Segunda Guerra Mundial. Por aquel entonces, las virtudes del plástico eran desconocidas, los estudios sobre este material estaban dando sus primeros pasos y no se les otorgaba la calidad necesaria para usarlos. Pero Tupper confiaba en sus posibilidades, y para demostrarlas creó la empresa Tupper Plastics Company en 1938. Adquiría los plásticos sobrantes de la Planta Química en la que había estado trabajando anteriormente, y aunque eran negros, duros y casi imposibles de trabajar, Tupper logró purificarlos y convertirlos en plásticos moldeables, transparentes, suaves y flexibles.

El siguiente reto era conseguir una tapa hermética, que sellara sus envases. Inspirándose en las tapas de las latas de pintura, que conservaban su contenido por años evitando que se evaporara, Tupper comenzó su trabajo. El objetivo: conseguir que los alimentos permanecieran frescos, que los líquidos no se derramaran y que, gracias a todo ello, se pudieran colocar en los frigoríficos en cualquier posición. Entonces fue cuando creó su sello mundialmente conocido: Tupperware.

Ya en 1946, continuaba introduciendo productos en el mercado, que aunque eran buenos productos, no se vendían como cabía esperar y se acumulaban en los estantes de las tiendas. ¿Qué sucedía? ¿Por qué un producto que podía resultar tan útil para los consumidores no se hacía popular en ventas? Era desconocido. Nadie había explicado a las consumidoras de la época sus características únicas, su funcionamiento o sus virtudes para conservar alimentos gracias a su sello hermético.

Y aquí es dónde entra en escena Brownie Wise, que recibió un regalo de parte de un amigo: un juego de envases Tupperware. Tardó unos días en descubrir cómo usar correctamente el sello hermético, pero en cuanto lo descubrió, quedó encantada. Divorciada y madre de un hijo, Wise trabajaba constantemente y en diferentes empleos, uno de ellos: vendedora en la Stanley Home Products, empresa de productos de cocina y limpieza que le permitía la venta de sus productos desde su casa. Así que, como se puede deducir, fue Wise quién introdujo los productos Tupperware en esas reuniones de ventas directas en los hogares, tras haber solicitado a Tupper permiso para poder vender sus productos, claro está.

 

Y en 1949, Tupperware había logrado el éxito y Wise vendía más productos suyos que cualquier otro distribuidor, gracias a todo el marketing que había desarrollado para la marca en las reuniones hogareñas que organizaba. Por ello, en 1951, Tupper contrata a Wise como Vicepresidenta de la compañía, la pone al frente del nuevo sistema de ventas exclusivo a través de las reuniones en los hogares (las conocidas como Reuniones Tupperware), y retira todos sus productos de los locales y tiendas.

Pero el trabajo de Wise no sirvió únicamente para lograr el éxito de la empresa. Comenzó a formar vendedoras, a hacer conscientes a las mujeres de su capacidad para realizar ventas, conseguir ingresos extra y todo ello sin salir de sus casas así que, pronto fueron muchas las que siguieron propagando los productos Tupperware por todas partes.

Con la fama y protagonismo que logró Wise, situándola frente al mundo como la imagen visible de la empresa, Tupper pronto dejó de sentirse cómodo, y comenzaron las disputas. Hasta que en 1958, Tupper despidió a Wise. Tras esta decisión, Earl Silas Tupper vendió la compañía y se retiró a una isla para seguir inventando utensilios, mientras que Brownie Wise continuó con su sistema de ventas, esta vez con productos cosméticos. Ninguno consiguió de nuevo un éxito como el que habían logrado juntos con Tupperware.

 

 

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