Emprender está al alcance de todos

Siete sectores en los que empezar con poca inversión

El actual contexto económico ha llevado a mucha gente a tener la voluntad de emprender una aventura empresarial. A falta de empresas que contraten a trabajadores de determinados perfiles, se prefiere crear una empresa.   

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En la actualidad, podemos encontrar diferentes actividades en las cuales invertir sin la necesidad de arriesgar una gran parte del capital propio:
 

  • Compra-venta de segunda mano: en el contexto de crisis actual, ha disminuido de forma importante la capacidad adquisitiva de una parte importante de los consumidores. De la misma forma, el miedo a perder el trabajo o a ver reducido el sueldo lleva a quien sí podría comprar a no hacerlo porque prefiere ahorrar para posibles problemas en un futuro. Por ese motivo ha habido un importante incremento de las empresas que ofrecen todo tipo de objetos o materiales de segunda mano a un precio menor a uno de nuevo.
     
  • Servicios relacionados con temas contables o fiscales: una empresa encargada de una empresa pequeña o mediana o un autónomo puede ser especialista sobre el sector de la empresa donde trabaja, pero es muy complicado que conozca todos los trámites a nivel fiscal, contable y administrativo necesarios para el desarrollo normal de la actividad. Por este motivo, normalmente se contrata a un gestor que se encarga de realizar todas estas gestiones.

    En caso de poseer la titulación y conocimientos necesarios, más allá del alquiler de un pequeño despacho (para ofrecer una imagen solvente), poca más inversión se necesita para iniciar la actividad. Siempre habrá compañías que precisen de estos servicios. Para diferenciarse de la competencia, más que ofrecer unos precios muy bajos (que pueden asociarse a mala calidad), se valora la proximidad y ser capaz de resolver las dudas e imprevistos de forma rápida y eficiente.
     

  • Agente comercial: una opción es trabajar como freelance de comercial. Hay que tener en cuenta que no todo el mundo dispone de las habilidades sociales para serlo. Un comercial es una persona que tiene como finalidad vender y recoger el máximo de información posible del cliente potencial.

    Por lo tanto, debe ser seductor, pero a la vez mostrar mucha seguridad para transmitir confianza al cliente. Otro aspecto importante es la buena presencia. La mayoría de relaciones contractuales de los comerciales son en forma de contrato mercantil, de modo que es el propio agente quien tiene que hacerse cargo de las cuotas de la Seguridad Social.

    Por lo tanto, antes de empezar una actividad de este tipo, hay que estar convencido que se tienen las habilidades para poderla desarrollar ya que, por el contrario, supondrá un coste para la propia persona. Mucha gente que lleva mucho tiempo en paro, por ejemplo, lo escoge como último recurso, pero normalmente, en estos casos, no acostumbra a salir bien.
     

  • Formador: hay personas que son especialistas en determinadas materias. Si se disponen de las dotes pedagógicas necesarias, una oportunidad de negocio es darse de alta como formador.

    Para conseguir clientes, en relación a la anterior, hay que mostrar dotes de comercial. Se puede ser muy cuidadoso elaborando los materiales y muy didáctico explicando, pero antes de llegar allí hay que ser capaz de convencer a una empresa para que te contraten. Para que sea así, hay que saberse vender uno mismo, y ello precisa de estas habilidades comerciales.
     

  • Consultor en temas de marketing: una empresa puede tener en sus manos un producto excelente y que colma las necesidades de su público objetivo pero, para que llegue a ellos, éstos lo tienen que conocer. Así, se precisará de una persona o equipo que diseñen una campaña de marketing capaz de mostrar las características del producto a las personas que podrían estar interesadas mediante los canales adecuados.
     
  • Servicios relacionados con la creación y posicionamiento de páginas web: una empresa, en caso de no estar en Internet, es como si no existiera. Es una premisa que hoy en día todo el mundo tiene clara. Difícilmente habrá una empresa, sea del tamaño que sea, que no tenga presencia en la red. Pero no solamente basta con crear una página web atractiva, sino que también hay que conseguir que ésta aparezca en los primeros lugares del buscador de Google. Una persona, cuando busca un determinado servicio por Internet, lo hace mediante unas palabras clave.

    A partir de ellas, se muestra un orden. Obviamente, por temas relacionados con el tiempo, no mirará muchas páginas, sino que solo las primeras. Por lo tanto, hay que estar bien situado para aparecer en esta posición. Los profesionales en herramientas SEO y SEM están muy bien valorados. Además, la presencia en la red precisa de un seguimiento continuo, por lo que no se tratará de un trabajo puntual y habrá una continuidad en el tiempo.
     

  • Servicios relacionados con la informática: toda empresa precisa de unos equipos informáticos para organizar su actividad. Consecuentemente, contratarán informáticos que les lleven el día a día las actualizaciones de los programas y procedimientos necesarios, así como la resolución de problemas que puedan aparecer.

¿Autónomo o empresa?

En la mayoría de los casos, en un principio, se escoge la forma de autónomo o, como mucho, de Sociedad Limitada:
 

  • La principal ventaja del autónomo es que no se necesita un capital mínimo para iniciar la actividad y que, además, los trámites a nivel fiscal y administrativo son más simples. En el caso de la Sociedad Limitada, en cambio, hay que presentar unas cuentas mucho más desarrolladas y el capital mínimo de inicio es de 3.005.06 euros.
     
  • La principal ventaja de la S.L. es que solamente se pone en riesgo el capital invertido en la empresa, no todo el patrimonio personal, como sí sucede en el caso del autónomo.
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