¿Hasta donde llega el derecho a la intimidad y privacidad de los empleados?

“Si quieres trabajar para mí, déjame ver tu Facebook”

Con este titular abría su último artículo Gene Marks, presidente de la consultora The Marks Group y colaborador en la revista Entrepreneur, en la que hace un alegato a favor de investigar a fondo las redes sociales de posibles nuevos empleados.

“Si quieres trabajar para mí, déjame ver tu Facebook”“Si quieres trabajar para mí, déjame ver tu Facebook”
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Marks saca este tema a debate después de que al hijo de un amigo suyo, precisamente inmerso en un proceso de selección, le avisaran de que revisarían sus perfiles en redes sociales, algo con lo que Marks comulga “de todo corazón”.



Yo quiero saber todo sobre un posible nuevo trabajador. Quiero conocer a sus amigos, a su familia, ver a quién sigue, a qué grupos pertenece, cuáles son sus aficiones, qué es lo que odia, qué famosos son sus favoritos …Quiero saber el lenguaje que utiliza para comunicarse, si comete faltas de ortografía o gramática. También quiero ver sus fotos, dónde fueron sacadas y bajo qué circunstancias. Quiero saber qué tipo de juicio tiene. Todo eso lo quiero saber”, explica Marks, quien a continuación se hace la siguiente pregunta: ¿Estoy violando tus derechos e invadiendo tu privacidad? “Nada de eso”, responde, y es que según Marks, toda esa información es pública, y por lo tanto tiene derecho a verla.



En caso de que el perfil del candidato fuera privado - sólo para amigos – Marks obligaría a esta persona a admitirla como amigo en las redes sociales, para poder hacer el correspondiente escaneo.



Para defender su postura, Marks argumenta que sus empleados son representantes de su empresa, y quiere estar seguro de que cuando estos interactúen con algún cliente, van a saber comportarse de una manera profesional y educada.



Por otro lado, Marks habla también de la importancia de que un nuevo empleado encaje en el grupo, y con la cultura de la empresa.



“De manera, que cuando miro en tus redes sociales, miro a ver cómo eres como persona. Si eres ofensivo, si vistes de manera que podría resultar incómoda para mis clientes, si usas un lenguaje apropiado, si tus creencias políticas, éticas o religiosas afectarían de alguna manera al desempeño de tu trabajo”, continúa Marks, quien asegura que él sólo quiere lo mejor para su empresa, sus empleados y sus clientes.



Para finalizar, Marks deja una frase lapidaria a los lectores: “Sí, discrimino. Demándame”.