Ser autónomo o constituir una sociedad

En el momento en que nos decidimos a desarrollar una actividad por cuenta propia, tenemos que elegir entre ser autónomo o constituir una sociedad mercantil.

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Existen muchas diferencias entre trabajar como autónomo y trabajar mediante una sociedad, de tipo administrativo, fiscal, etc., que debemos valorar adecuadamente y, en su caso, consultar con un asesor especializado.

A continuación, os vamos a resumir las principales diferencias entre darse de alta como autónomo y constituir una sociedad.

Los trámites administrativos para darse de alta como autónomo, son simplemente dos: acudir a Hacienda y a la Seguridad Social.

Sin embargo, para constituir una sociedad mercantil, debemos realizar los siguientes trámites:

 

  • Acudir al Registro Mercantil a solicitar la certificación negativa de la denominación social que queremos utilizar.
  • Abrir una cuenta bancaria a nombre de la sociedad donde tendremos que depositar el capital mínimo que corresponda según el tipo de sociedad.
  • Obtención del CIF.
  • Acudir a un Notario para realizar la Escritura Pública de constitución de la sociedad mercantil.
  • Liquidación del Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados.
  • Inscribir la sociedad en el Registro Mercantil.
  • Compra y legalización de libros sociales (libro de Actas, libro de socios etc.)

Los trámites descritos anteriormente, conllevan un tiempo que puede oscilar entre 30 y 40 días y suponen un coste mayor que el de inscribirse como autónomo.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que si constituimos una sociedad, el Administrador de la misma se tendrá que dar de alta como autónomo.

Uno de los aspectos más importantes a la hora de valorar si constituir una sociedad o trabajar como autónomo es la responsabilidad.

En el caso en que desarrollemos nuestra actividad como autónomos, respondemos con todo nuestro patrimonio presente y futuro, mientras que si constituimos una sociedad la responsabilidad se limita al patrimonio de la sociedad (para el caso de determinados tipos de sociedad como las S.L. o S.A.).

Por lo que respecta al tema de la responsabilidad, si estamos casados en régimen de gananciales, debemos valorar si la actividad que vamos a desarrollar supone un riesgo, porque podría afectar al patrimonio de nuestro cónyuge.

Otro aspecto a considerar a la hora de constituir una sociedad o trabajar como autónomo es la fiscalidad de ambas situaciones. En el caso de una sociedad, nos podremos deducir todos los gastos que tengamos en relación con nuestra actividad, mientras que en el caso de ser autónomos la deducción queda limitad al 50% de los gastos.

Por otra parte, las declaraciones de impuestos por los ingresos que tengamos las tendremos que realizar con independencia de que trabajemos como autónomos o como sociedad mercantil. En este sentido, es muy recomendable recabar el asesoramiento de un fiscalista especializado que nos oriente de forma adecuada sobre las ventajas e inconvenientes tributarios de cada opción.

Nos interesará constituir una sociedad en el momento en que necesitemos inversores, tengamos cuantiosos beneficios o necesitemos contratar trabajadores. Por ese motivo, generalmente, se recomienda darse de alta inicialmente como autónomo y posteriormente constituir una sociedad, una vez que tengamos ingresos más elevados.

 

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