Reconoce a un jefe tóxico y lo que puede provocar en la empresa

La naturaleza del ser humano es sociable; entablar relaciones con otras personas no supone una fuente de bienestar y de aprendizaje. Pero qué pasa si nos topamos con una persona tóxica, qué pasa si esa persona además es nuestro jefe.  

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Las personas tóxicas suelen cargar en su interior con multitud de problemas, hábitos y actitudes negativas. Éstas personas utilizan todo esto para causar daño y provocar miedos, sin ningún fin, a todo aquel que se cruzan su camino.

Características de una persona tóxica

Una persona tóxica alimenta inconscientemente su ego, y lo hace hablando mucho y de forma continua de sí misma, sin tener en cuenta al resto de personas que le rodean. Cuando habla, en sus palabras siempre hay quejas y pesimismo, siempre ve el lado negativo de las cosas. Además, asume rápidamente el rol de víctima, buscando ser siempre el centro de atención.

Las personas tóxicas no suelen controlar su vida, porque ante la mínima dificultad se detienen, se hacen la víctima y no son capaces de enfrentarse a las adversidades. Lo que acaba generándoles un malestar que suelen volcar en aquellos que le rodean.

Estas personas basan su vida en ellas mismas, sin tener en cuenta a nadie más; su envidia, celos y soberbia las transforman en vampiros emocionales, en personas expertas en chupar la sangre a todos aquellos que les rodean.

Todo esto les impide ser capaces de alegrarse por nada; ellas mismas, con su forma de ser y pensar no pueden ser felices, pero tampoco son capaces de alegrarse por las cosas buenas que le suceden a los demás.

Personas tóxicas, jefes tóxicos

¿Qué ocurre cuando resulta que la persona tóxica trabaja con nosotros? Aún peor, ¿qué ocurre si nuestro propio jefe es una persona tóxica? En este caso, no sólo las personas relacionadas con la empresa sufrirán las consecuencias de tener cerca una personalidad así, la propia empresa también puede verse seriamente afectada.

Hay un axioma que se repite mucho en las organizaciones, y dice "las personas no se van de las empresas, se van de los jefes". Es decir, que un jefe tóxico, un jefe que se comporte de forma prepotente, con poca o ninguna empatía y sea déspota con sus empleados, va a suponer un pesado lastre para la compañía, además de afectar de forma significativa la vida de muchas personas, sus empleados y compañeros.

Está claro que el axioma, por muy repetido que esté, no deja de ser cierto. Y esto es algo que las empresas han de tener muy en cuenta: si colocas al frente del negocio, como directivo o jefe de sección, a un personaje de este tipo: prepárate para ir viendo escapar el talento de la empresa.

Según reputadas figuras dentro del mundo empresarial, como Paco Muro, presidente de Otto Walter International, o Luis Huete, profesor de IESE Business School, nuestro país tiene aún mucho trabajo por hacer en este aspecto, ya que nuestras empresas aún cuentan con mucho ‘troglodita directivo’ que sigue usando el ‘ordeno y mando’ como principal herramienta de liderazgo, lo que hace que al menos el 5% de nuestros jefes sean aún catalogados como sociópatas. La palabra asusta, y desde luego al escucharla no es que vayamos a visualizar el ansiado éxito empresarial logrado a base de trabajo en equipo.

Además, según afirma Huete, los jefes tóxicos hacen un enorme daño no sólo al talento de la empresa, sino a la fibra humana de sus equipos, ya que una persona que trabaja día tras día en un entorno laboral tóxico acaba perdiendo al menos 10 años de su vida.

Los empleados hablan, qué es lo más molesto de un jefe tóxico

Según estudio de la consultora Otto Walter, las quejas principales de los empleados respecto a la actitud de sus jefes son:

Faltas de respeto, para el 49% de los preguntados este es el comportamiento peor que han recibido por parte de sus superiores.

Para un 37% es la prepotencia del jefe lo que peor llevan en su puesto de trabajo.

Le siguen con un 29% la incompetencia directiva, y con un 28% la falta de apoyo al equipo de trabajo.

Para acabar, un 25% destaca que veían la ausencia de trato humano como uno de los comportamientos más irritantes que habían sufrido por parte de sus jefes.

Otros defectos o fallos de un jefe tóxico son: no saber marcar los objetivos del negocio, no saber escuchar a los demás, colgarse méritos de otros, no saber cumplir con lo prometido o ser como una veleta, cambiando constantemente de opinión. Pero si hay fallos graves, de los que es difícil recuperarse si es que se llega a conseguir, estos son el no saber defender al equipo y no saber estar a la altura en momentos delicados.

En estos casos, los empleados son más conscientes que nunca de que el jefe no tiene capacidad de liderazgo, no sabe qué debe hacer y cómo, suelen usar malas formas, despotismo y además, existe una falta de ética importante, lo que hace que se les pierda el respeto completamente.

Si no confías en tu jefe y tampoco le respetas, es ya muy difícil que puedas trabajar con él, y mucho menos que puedas acatar sus órdenes. Ante un jefe tóxico, los empleados no van a trabajar a gusto, por lo que no van a trabajar bien y se va a ver afectada la productividad del equipo, y con ello la facturación de la empresa.

En el peor de los casos, los empleados van a acabar abandonando el barco, y tengamos por seguro que cuando sean preguntados no van a hablar precisamente bien del jefe, e indirectamente, tampoco de la compañía, con todo lo que supone para el negocio.

¿Tiene un buen jefe tu compañía? ¿Sabe cuidar del equipo, dirigirlo y motivarlo? Esperemos que sí, de lo contrario, ponte las pilas, las personas tóxicas pueden trabajar para mejorar su actitud frente a la vida y los demás.

 

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