¿Qué ha pasado con Abengoa?

El preconcurso de acreedores: A finales de noviembre estallaba una bomba en el ámbito empresarial: Abengoa presentaba el preconcurso de acreedores. 

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Muchos inversores conocían la situación de la compañía, que solamente en un día cayó más de un 40% en bolsa y las autoridades mandaron el cese de su cotización. Su principal problema era (y es) la gran deuda que debe afrontar: 8.904 millones. Se trata de un importe descomunal, muy superior a, por ejemplo, los 7.000 que tenía la inmobiliaria Martinsa-Fadesa SA cuando tuvo que acogerse a la suspensión de pagos.

La empresa esperaba poder  proseguir con su actividad a partir de unas negociaciones que mantenía con Gonvarri (filial de Gestamp), por la cual ésta se quedaba con la propiedad del 28% de la compañía de renovables mediante la inyección de 350 millones de euros. A cambio de esta inversión, la empresa solicitaba a la banca un paquete de ayuda para la compañía y unas líneas de crédito que oscilaban entre los 1.000 y 1.500 millones de euros. Las entidades financieras rechazaron la propuesta (especialmente beligerantes fueron las extranjeras). La no aceptación de estas condiciones provocó la ruptura de las negociaciones y precipitó los acontecimientos. Igual que las acciones, los bonos de la compañía se desplomaron hasta mínimos históricos. Por lo tanto, los inversores que antes que ocurrieran estos hechos apostaron por ella han perdido importantes sumas de dinero.

La guerra para mantenerse a flote                                                   

Hay que tener en cuenta que las consecuencias de esta situación pueden ser nefastas para mucha gente, no solamente para los inversores. Abengoa es una multinacional donde trabajan 27.000 personas y tiene más del 75% del negocio fuera, especialmente en América. Por lo tanto, hay un interés social en evitar su quiebra, por el alto impacto negativo que tendría sobre mucha gente.

Las alarmas se volvieron a disparar a mediados de diciembre, cuando la agencia de calificación Fitch rebajó el rating de la deuda a largo plazo de la compañía hasta solamente un nivel por encima de la suspensión de pagos. En este contexto de tanta tensión, la Fiscalía anunció que investigaría indemnizaciones millonarias que dos directivos de la compañía se marcaron justo antes de la suspensión.

La compañía estuvo planificando durante todo este tiempo la presentación de un plan de viabilidad que la permitiera mantenerse a flote, proseguir su actividad y evitar así su cierre. Para empezar, los bonistas inyectaron suficiente capital como para poder seguir operando durante el pasado mes de enero. Era una primera criba que se superó. Éstos mismos también hablaron de seguir su aportación durante los meses de febrero y marzo.

El plan de viabilidad

Finalmente, el 28 de Enero, Abengoa presentó el plan de viabilidad prometido. Este hecho propició una subida espectacular de las acciones de la empresa, ya que los inversores empezaron a comprar acciones de la compañía de forma masiva. Las líneas generales de este plan son las siguientes:

  • Reducción de su tamaño para ser más eficientes: se estima que debe dejar de ingresar un 60% de lo actual.
  • Centrar su actividad en la ingeniería, innovación y construcción: de esa forma, se limita la empresa a desarrollar aquellos aspectos en los cuales destaca más y goza de una mayor productividad y competitividad. Se dejaría de operar, por lo tanto, en aquellos ámbitos donde la empresa no tiene una posición preeminente en el mercado.
  • Desinversiones: el plan incluye la venta de activos no fundamentales, como los biocombustibles de primera generación. Así, ya se ha puesto en venta la filial Abengoa Bioenergía, por la cual se espera conseguir unos ingresos de unos 1.000 millones de euros. En la misma línea, se está negociando el traspaso de diferentes plantas.
  • Iniciar negociaciones para la reestructuración de la deuda: para que se pueda desarrollar el plan previsto, debe concretarse un préstamo extraordinario de unos 800 a 1.000 millones de euros.
  • Reducción de la deuda hasta los 3.000 millones de euros: para conseguir esta reducción respecto los casi 9.000 actuales (la reducción, por lo tanto, debe de ser de 6.000 millones, que no es una cifra baja, precisamente), se proponen los siguientes mecanismos: capitalización de la deuda, préstamos participativos a largo plazo o una combinación de éstos. Como resultado de ello, al final, es muy probable que bancos y fondos acaben teniendo el control de la empresa.  

El papel de los bancos

Las principales entidades que han concedido financiación a Abengoa son el Banco de Santander, CaixaBank, Bankia, Banco Popular, Banco de Sabadell, HSBC y Crédit Agricole. Para empezar, consecuencia de la situación de preconcurso en la cual se encuentra la compañía, se han visto obligadas a provisionar el 25% de su participación en ella. Ninguna entidad quiere que haya una quita, ya que ello les repercutiría de forma negativa. Se habla que una parte de la deuda se convertirá en créditos convertibles en capital por el 100% de su valor nominal. Realmente, como el valor de mercado de estos títulos será muy inferior al real, la intención de estas entidades es ganar dinero después con la deuda capitalizable.

También juegan un papel importante en la negociación que están manteniendo con los bonistas. Éstos exigen que liberen la garantía del 8,2% en la filial que obtuvo por los 125 millones que dio en Septiembre. Estos bonistas están dispuestos a facilitar liquidez de forma inmediata si se cumplen sus exigencias.

El futuro de Abengoa

La empresa tiene de límite hasta el 25 de marzo para evitar el concurso de acreedores. Por lo tanto, es imprescindible dejarlo todo atado y aceptado antes de esta fecha, que se considera clave. Encontramos que, en la negociación, existen muchas partes distintas, cada una de ellas con intereses propios: trabajadores, bonistas, bancos… Lo que sí está claro es que, a todos ellos, por encima de todo, les debe interesar que la compañía pueda proseguir con su actividad. La peor alternativa para todos es, por lo tanto, dejar caer la compañía.

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