1,5 millones de docenas de huevos al año y 3 millones de facturación

Pazo de Vilane, de 50 gallinas a más de 80.000

Pazo de Vilane es la historia de una empresa pero también de una familia y de un sueño, que no es otro que dejar la gran ciudad para apostar por el medio rural, con el objetivo de vivir de él y para él.

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Este sueño se resume en un negocio que se inició con 50 gallinas y que ahora cobija a más de 80.000, siendo una referencia en el sector de los huevos camperos.

Fue en la segunda mitad de los 90 cuando Juan Varela-Portas, su mujer, Pilar Orduña, junto a su hija Nuria, que no hacía mucho se había licenciado en Económicas, decidieron dejar Madrid, para reconducir su vida en el pazo familiar, que con el paso del tiempo, estaba casi en el abandono.

A sus 66 años, Juan Varela-Portas quería dar un giro a su vida. Y con el apoyo de su mujer y bajo la batuta de su hija, "verdadera artífice" de esta aventura, empezó la reconquista del pazo al paso del tiempo.

En esta historia se unieron la experiencia y el espíritu visionario de un padre y la juventud y la preparación de su hija, con el aderezo de las ganas de emprender que ambos derrochaban.

Es Piedad Varela-Portas, la otra hermana, ahora también dedicada al cien por cien a este sueño familiar, y entonces testigo directo de los comienzos de esta historia, quien recuerda a efeempresas.com estos inicios.

"Mi padre quería volver porque era consciente de que la única forma de que no se perdiera el pazo era regresar a vivir allí", en lugar "de venderlo y comprarse un chalet en Majadahonda (Madrid)".

Así en 1996 se marcharon para Vilane los tres con el objetivo de "empezar a crear algo desde cero".

Piedad Varela-Portas recuerda las dificultades de ese inicio como, por ejemplo, "al ir al banco a pedir un crédito nos preguntaban qué hacíamos personas jóvenes, con estudios y preparadas, plantear un negocio en el campo, cuando se trataba de un sector deprimido".

"Íbamos contra corriente", reconoce Piedad, quien explica que antes de la apuesta por las gallinas, se estudiaron otras opciones de negocio pero se vio mercado y "nos convertimos en pioneros en el huevo campero en España".

Por entonces, "no había en los lineales huevo campero, de hecho una gran empresa vino a comprarnos la producción al poco tiempo, pero le dijimos que no y seguimos nuestro camino".

Para esta emprendedora,"rompimos el lineal del huevo", al pasar de "un producto sencillo, que nadie apreciaba, a darle un valor a través de la cría en libertad".

Pero el comienzo con las gallinas no fue fácil sino "apoteósico", precisa, debido a la falta de experiencia. "Las gallinas se comían unas a otras".

No obstante, la empresa comenzó a funcionar gracias a la venta por las tiendas de Lugo y la participación en ferias locales.

El paso siguiente fue cuando decidieron crear una caja que diferenciara a este tipo de huevos del resto, una cuestión en la que el patriarca de la familia volvió a acertar, al elegir al artista gallego Pepe Barro para su diseño.

Piedad destaca el "entendimiento" que se produjo entre la idea que quería la familia para representar a la empresa y lo que Barro diseñó.

Desde entonces, Pazo Vilane ha ido dándose a conocer por toda España. Ahora produce 1,5 millones de docenas de huevos al año, con 3 millones de euros de facturación, lo que significan más de 100.000 docenas al mes, 1,2 millones de huevos.

Pero el negocio de Pazo de Vilane ya no acaba en los huevos. En los últimos años ha comenzado el cultivo de frutos del bosque para mermeladas, que ya están introducidas en el mercado, y estudian la producción de conservas vegetales.