Modelo ABC

El stock de seguridad Toda empresa tiene stock en el almacén. Este stock está formado por toda la variedad de productos que la empresa produce u ofrece al mercado. 

Stock en el almacenModelo ABC
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Por ese motivo, necesita de un sistema para poder clasificar todo este material que, en el menor plazo posible, espera poder vender. Antes de nada, la compañía debe establecer, para cada producto, lo que se llama stock de seguridad: es la cantidad mínima de cada producto que siempre hay que disponer para poder hacer frente a la demanda por parte de los clientes. Hay que tener en cuenta que, desde el momento que se realiza el pedido al proveedor hasta que llega al establecimiento, pasa un tiempo. Por lo tanto, la empresa debe realizar el pedido antes de llegar a este nivel de seguridad. Es más: debe de ser capaz de calcular que, en el momento de llegada del pedido, la cantidad que haya almacenada sea la correspondiente al stock de seguridad. Así, se hace frente, también, a posibles problemas relacionados con la llegada de productos en mal estado o que haya un retraso en el plazo acordado de abastecimiento.

¿Qué es el modelo ABC?

El modelo ABC sirve para clasificar los productos que se encuentran en el almacén y cuantificar el coste de almacenamiento. Hay que tener en cuenta que tampoco es recomendable tener una gran cantidad de producto almacenado, ya que supone un coste no solamente de espacio, sino del personal necesario para mantenerlo y organizarlo. Así pues, este modelo separa los productos en tres categorías, según la cantidad que se tiene de ellos y su aportación al total de valor:

  • Productos A: son aquellos productos que, aunque solamente son el 20% de la cantidad total, representan el 80% de la inversión. Por lo tanto, son aquellos productos de mayor valor y que más margen generan a la empresa. Son importantes porque, sin ser una gran cantidad, sí aportan mucho valor.
  • Productos B: son aquellos productos que representan más o menos el 15% del valor y ocupan el 30% de la cantidad de productos existente. Son productos medios, con un margen no excesivamente alto.
  • Productos C: son productos de un margen muy bajo, que representan solamente el 5% del valor, pero que  equivalen al 50% del total de productos. Pueden ser productos complementarios que, aunque por sí mismos no tengan un alto valor, sí son imprescindibles para el uso de productos A o B. Por lo tanto, la empresa debe fabricarlos. Del mismo modo, `pueden ser productos que vayan muy ligados a la imagen o historia de una compañía y, por ese motivo, por el alto coste a nivel de imagen, no se pueden retirar.

La determinación de los costes

Para poder saber el margen que da un producto, antes hay que saber qué cuesta producirlo. Para hacerlo, hay que emprender las siguientes acciones:

  • Clasificar las distintas actividades que se realizan a cada centro de trabajo: cada sector tiene bajo su responsabilidad completar unas determinadas tareas a unos estándares de calidad marcados. Para llegar a tal objetivo, tiene que realizar unos procedimientos. La empresa debe separar cada una de las actividades para, así, empezar a identificar el coste de cada una de ellas y para ver qué productos se utilizan.
  • Identificar los costes indirectos en cada centro de trabajo: hay una serie de costes que no se vinculan directamente al ritmo productivo ni se pueden imputar directamente a un producto, porque hacen referencia a aspectos generales que afectan en general a todo el procedimiento.
  • Los factores que suponen, dentro de cada actividad, un coste mayor: una vez definidos estos costes, saber cuáles suponen un mayor coste para la producción de cada producto. Puede que sea posible realizar la misma actividad sin tener que asumir unos costes tan altos. Así pues, también puede ser una oportunidad para mejorar la productividad mediante el análisis de todos los procesos que se realizan.
  • Repartir los costes entre cada una de las actividades: a partir del conocimiento de estos costes indirectos, hay que imputarlos a cada producto. Hay distintos criterios de imputación. Uno de los más utilizados es imputar los costes en relación al porcentaje total de producción. Se entiende que, si un producto se produce en más cantidad, también consume más recursos que otro que no precisa de tanto tiempo de producción. Igualmente, hay que determinar qué actividades son necesarias para realizar cada producto y a partir de aquí realizar el cálculo. De esa forma, se obtiene el coste indirecto unitario.
  • Encontrar los costes directos: hay una serie de costes que sí se pueden imputar directamente a la producción de un determinado producto u otro. Es decir, que en caso que la producción sea mayor, aumentan y, por el contrario, si la producción baja también disminuyen estos costes.
  • Asignar cada coste directo a la actividad correspondiente: cada producto tendrá sus propios costes directos que afectan a su realización. Hay que dividir el importe por el total de unidades producidas y así se obtiene el llamado coste directo unitario.
  • Realizar la suma del coste directo unitario más el coste indirecto unitario: la suma de los dos costes unitarios permiten calcular el coste medio total del producto. Es decir, cuánto le cuesta a la empresa producir una unidad de cada uno de los productos.
  • Calcular el margen del producto: el margen del producto se obtiene restando el precio de venta del producto del coste medio total. Hay empresas que, sin realizar este análisis, creen que aquellos productos que venden más caros son los que les proporcionan mayores beneficios. Como se ha visto en todo el proceso, puede que no sea así. Un producto que se vende a un precio mayor puede ser que también cueste mucho más de hacer que otro que, aunque el cliente lo adquiera a un precio menor, tampoco cuesta tanto. Por lo tanto, la empresa debe conocer con exactitud este dato para saber qué productos destacar en el lineal y en la promoción. Obviamente, toda compañía quiere vender en mayor proporción aquellos productos que le dan más margen. 
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