Los 6 problemas esenciales de una empresa familiar

Cuando comenzamos con una empresa tendemos a asociarnos con personas que conocemos como amigos y familiares, pero debemos actuar con cautela para evitar los problemas que esto puede conllevar en el futuro.

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Muchas empresas familiares desaparecen porque no se sabe gestionar bien la sucesión o no está prevista, o simplemente se producen divergencias entre los distintos implicados que no son capaces de resolver.

El choque generacional.

En algunas ocasiones las diferentes formas de ver la empresa o el futuro de la misma entre las personas más jóvenes y las más mayores, produce un choque en la forma de gestionar la empresa que se puede convertir en un serio conflicto. La mejor forma de evitar estos conflictos es intentar mantener siempre una mentalidad abierta y dialogante, escuchar y hablar con empatía, para ver los diferentes puntos de vista y velar por el bien de la empresa.

La falta de un sistema.

En las empresas familiares se tiende a hacer las cosas sin tener un sistema establecido y de esa forma no existen unas bases para que otra persona, ya sea de la familia o no, se haga cargo del negocio. Para establecer un sistema, se debe analizar muy bien cómo funciona cada área de la empresa y poner por escrito cada uno de los pasos que se den para cualquier actuación, por ejemplo, para la contratación de proveedores, para contratar personal, para temas logísticos, para las ventas, para las campañas de marketing etc.

La sucesión.

La sucesión en la empresa familiar es uno de los aspectos que más quebraderos de cabeza suele producir, sobre todo cuando no está claro el sistema o qué se va a hacer. Para ello es fundamental establecer un plan sucesorio, cómo se va a llevar a cabo la sucesión, en qué momento y qué persona va a ser la sucesora al mando de la empresa.

La confusión entre lo familiar y lo empresarial.

Cuando trabajamos con nuestra familia se puede mezclar lo que es personal y lo que es laboral, creándose una confusión si no aprendemos a separar y a darnos cuenta de que son dos mundos distintos, y de que no podemos llevarnos el trabajo a casa. Son situaciones en las que las emociones influyen mucho, y gestionarlas adecuadamente pensando en la empresa en un requisito necesario.

No saber delegar.

En las empresas familiares suele primar mucho el trato personal y eso hace que en muchos casos no se sepa delegar. Pero si se establece un sistema también para el trato al cliente y su fidelización, se puede mantener ese trato cercano y aprender a delegar en otras personas, de forma que la organización pueda crecer.

No tener claras las responsabilidades de cada uno.

Al comenzar en una empresa familiar, generalmente no está claro qué hace cada uno, qué participación tiene en el negocio acorde a su implicación o cómo se van a repartir los beneficios. En este sentido, es de vital importancia firmar un pacto de socios que establezca qué aporta cada uno, qué responsabilidades asume cada persona y cómo se van a repartir los beneficios que se obtengan. La existencia de este pacto puede reducir e incluso eliminar el riesgo de conflicto con otros familiares, por lo que es esencial firmar un pacto de socios en el momento en que se constituya la empresa o entren nuevos socios a formar parte de la misma.

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