La importancia de la mujer en el mundo laboral

Aún hoy en día, en algunas empresas, no se ve con buenos ojos la contratación de la mujer. 

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Desde un punto de vista cultural, aún se tiene la percepción que es ella quien debe, por ejemplo, hacerse cargo del hijo cuando éste está enfermo o tiene algún problema o quien debe de abandonar el lugar de trabajo ante cualquier dificultad familiar. Además, hay quien ve con desagrado el hecho que después del embarazo deben de estar un tiempo sin trabajar. Estas creencias chocan frontalmente con la realidad. Una mayor participación de la mujer en el mundo laboral es positiva por:

  • Cuando, en una sociedad, las mujeres pueden desarrollar sin problemas su actividad y potencial profesional de la misma forma que los hombres, los beneficios a nivel global son amplios: se estima que, en caso que las mujeres tuvieran las mismas oportunidades de desarrollo, los beneficios en términos del PIB serían importantes. Así, según la Organización Internacional del Trabajo, 865 millones de mujeres de todo el mundo podrían contribuir más de lo que lo hacen. Cabe recalcar que un porcentaje muy elevado de ellas (un 94%) se encuentran en países en vías de desarrollo o subdesarrollados. Igualmente, no debemos menospreciar que aquí también se dan situaciones de no plena igualdad. Se ha llegado a estimar que, si la tasa de participación femenina en términos laborales fuera la misma que en los hombres, el PIB de Estados Unidos podría aumentar hasta un 5%. Así pues, las mujeres tienen un impacto positivo en el crecimiento económico de un país.
  • En un contexto de envejecimiento de la población, la incorporación de la mujer es el mercado laboral ayudaría a hacer frente a los crecientes gastos en prestaciones: en el mundo occidental especialmente, las personas viven, de media, cada vez más años. La mejora de las condiciones generales de vida y el hecho de disponer unos equipamientos y recursos sanitarios más avanzados, han ayudado a ello. Como contrapartida, encontramos que cada vez hay menos gente trabajando en proporción al número de pensionistas. Por lo tanto, si se da a la mujer las mismas oportunidades que un hombre, puede ser un generador de ideas y de nuevos lugares de trabajo que ayuden a hacer frente a esta situación.
  • El hecho de disponer de más ingresos propios las hace poseedoras de más capacidad de decisión y control: en general, se ha demostrado que las mujeres son capaces de gestionar hasta mejor que un hombre aquel dinero que entra en la familia. En las economías occidentales, en general, hay más igualdad en lo que respecta la toma de decisiones en el gasto y ahorro, pero en los países en vías de desarrollo aún no. Si las mujeres de allí tuvieran la oportunidad de obtener ingresos, podrían gestionar ellas mismas el dinero.
  • Permite aprovechar todo el talento que existe en la sociedad: las mujeres representan la mitad de la fuerza de trabajo existente en un país. Por lo tanto, en caso de no aprovecharla de la misma forma que se tiene en cuenta la de los hombres, se pierde una parte muy importante de capital humano que podría aportar mucho valor al conjunto de la sociedad.

¿Qué apreciaciones dificultan el acceso de la mujer al mercado laboral?

Algunas de las creencias que provocan que sea más difícil para una mujer acceder a iguales condiciones laborales que un hombre son las siguientes:

  • Encasillamiento a un determinado tipo de trabajos: aún, a nivel social, se considera que hay unos determinados trabajos para hombres y otros para mujeres. Esta división provoca que las mujeres tengan muy difícil el acceso a determinados puestos por los cuales están perfectamente capacitadas. Es decir, ante una situación de igual experiencia o habilidad, se acostumbra a escoger antes a un hombre que a una mujer. Ello provoca que en determinados puestos de trabajo no se rinda con la máxima productividad posible, ya que lo ocupa una persona con menos aptitudes que otra.
  • Atribución de unos roles muy concretos: hay quien tiene la percepción que, ante cualquier problema que surja, es la mujer quien debe resolverlo. Por lo tanto, al tener que estar pendiente de todo aquello que suceda en el hogar, no podrá prestar la misma atención que un hombre en el trabajo. Esta concepción tan falsa se debe a prejuicios a nivel cultural que sería adecuado ir eliminando. Hay que fomentar el hecho que un hombre es tan responsable como la mujer de todo lo que suceda. Como consecuencia, a las mujeres se les ofrece puestos de trabajo de menor responsabilidad que, por lo tanto, son de un salario menor. Este hecho es uno de los que de una forma más clara demuestra que una mujer es menos valorada.
  • Maternidad: el hecho de estar embarazadas supone que deben perderse unos meses de trabajo. Ahora bien, no debe considerarse el periodo de maternidad como una “pérdida”. Primero, porque desde un punto social es una función básica para el desarrollo general de una persona. Segundo, porque tampoco se trata de un periodo de tiempo insalvable y es posible repartir entre los miembros de la compañía aquellas tareas que desempeñaba antes (en caso de no poder o querer contratar a alguna persona temporalmente). Esto provoca que las mujeres tengan más trabajos temporales que los hombres y de una duración menor. Al creer que estarán menos tiempo en la compañía, también, se les barra el acceso a formación, de forma que no tienen tantas oportunidades para desarrollarse.
  • Dificultad de acceso a lugares directivos: la mayoría de puestos directivos los ocupan hombres. En el fondo, no deja de ser una consecuencia final de todo lo expuesto hasta ahora: la suma de la percepción que deben atender asuntos fuera de la compañía sumado a las menores posibilidades de formación desembocan en que no tengan la posibilidad de escalar dentro de la empresa. Se pierde, pues, un enfoque distinto de percibir las cosas y de afrontar las dificultades de alto valor. 
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