¿Hasta qué punto es viable crecer?

No siempre es positivo crecer Hay quien cree que, cuanto mayor sea el tamaño de una empresa, mayores beneficios obtendrá. 

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Esta falsa creencia ha llevado a empresas a realizar inversiones que, con el tiempo, se han demostrado erróneas. Querer crecer por encima de las propias posibilidades puede tener nefastas consecuencias para una compañía por la imposibilidad de poder mantener toda la estructura necesaria para ello. Hay que tener en cuenta que, a mayor tamaño, más altos son también los costes que hay que soportar, especialmente los relacionados con las infraestructuras y todo el personal y recursos que habrá que tener para poder mantener un determinado nivel de ventas. Si todo ello se lleva al extremo, se puede poner en peligro hasta la misma existencia y viabilidad de la empresa. Normalmente, los procesos de crecimiento se realizan mediante financiación. No es habitual encontrar empresas que sean capaces de afrontar grandes inversiones con los recursos propios. Por lo tanto, el hecho de endeudarse genera una necesidad de entrada de ingresos mayor que, en caso de no cumplirse, puede provocar que no se puedan afrontar los pagos de la deuda y se vaya directamente a una suspensión de pagos.

Uno de los ejemplos más claros de este aspecto lo encontramos en Abengoa. La compañía entró, hace pocos meses, en una situación extremadamente crítica. Acumula una deuda extrema que la ha llevado a la suspensión de pagos y, si no es capaz de dar validez al plan de viabilidad aprobado, tiene el peligro de desaparecer por quiebra. Justamente, una de las medidas que se han decidido implementar para evitar la desaparición ha sido la reducción de su tamaño. La multinacional ha acordado centrarse solamente en aquellas actividades que le son propias y ha iniciado un proceso de venta de activos en aquellos sectores donde no es tan competitiva.

Así pues, cuidado en querer abarcar más de lo que la compañía puede soportar.

¿Cómo determinar si crecer más o no?                           

En relación al aspecto comentado con anterioridad, nos encontramos ante lo que se podría considerar una paradoja. Por un lado, la competencia del mercado obliga a las empresas a estar continuamente innovando y ganando presencia dentro del público objetivo. En caso de no hacerlo, hay el peligro de quedarse atrás y que la competencia se quede con el espacio que hasta aquel momento se ocupaba. Por otro, como hemos visto, crecer en exceso puede llevar a una empresa a la ruina. ¿Cómo determinar, entonces, si hay que invertir y crecer? Para hacerlo, tendremos en cuenta los siguientes aspectos:  

  • Ratio de endeudamiento: la empresa debe mesurar cuál es la relación entre los recursos propios y el total de su deuda. Lo ideal es que el importe de los primeros sea más elevado que el total de lo segundo. Solamente ante una situación de este tipo la compañía puede plantearse crecer. Si tenemos un porcentaje de deuda importante respecto al capital y reservas disponibles, endeudarse aún más puede suponer un gran riesgo porque, si la inversión no da el resultado esperado, no habrá suficientes recursos para poder afrontar el pago de las deudas.
  • Ingresos extra potenciales en relación a los costes a afrontar: cuando una empresa está dispuesta a realizar una inversión, es porque cree que, de esa forma, aumentará sus ingresos. Este aumento de los ingresos debe ser en una proporción mayor al incremento de los costes. Es decir, de nada sirve conseguir más ingresos si los costes y gastos suben por encima de este nivel porque, entonces, nos encontramos frente a pérdidas. Por lo tanto, en el plan de empresa que se desarrolla antes de tomar la decisión, hay que tener muy presentes y calculados los ingresos que realmente se espera obtener, no hacer una previsión exageradamente optimista para así justificar la inversión. Es más: se pueden realizar diferentes planteamientos de escenarios de distinto grado de optimismo según cual se espere que sea la evolución del comportamiento del mercado.
  • Situación actual y futura del mercado y del sector: en un contexto tan cambiante como el actual, las oscilaciones en el mercado son más frecuentes, especialmente en aquellos sectores los beneficios y evolución de los cuales dependen de factores no controlables por la compañía. Estamos hablando de aspectos como el clima o el precio de determinadas materias primas. A partir de la experiencia del pasado y del estudio de las variables consideradas clave en el mercado, hay que estimar la evolución futura del mercado y, a partir de aquí, determinar si existirán las condiciones adecuadas para que la inversión a emprender tenga el correspondiente retorno.
  • Conocer las acciones de la competencia: como se ha comentado, en un entorno competitivo las empresas están continuamente innovando para ganar peso en el mercado y ser más competitivas y productivas. Si una gran mayoría de empresas de la competencia realiza las inversiones correspondientes, es complicado que todas éstas se equivoquen en la estimación de sus cálculos. Por lo tanto, en este caso, no habrá más remedio que repetir comportamiento para no quedarse atrás.
  • Recursos disponibles: más allá de la financiación externa, la empresa debe valorar cuáles son sus recursos y si dispone de suficientes para encarar la inversión. En caso de disponerlos, entonces el riesgo es menor, ya que queda un colchón para poder sufragar posibles pérdidas o pasar los primeros meses, que acostumbran a ser los más complejos hasta que no se ha conseguido la posición deseada y esperada en el mercado.
  • Posibilidad de entrar en un nicho de mercado: más que crecer de forma desproporcionada con la voluntad de captar el máximo público posible, muchas veces es más rentable centrarse en un determinado nicho de mercado y conseguir una posición dominante en él. Aunque la amplitud de público objetivo es menor, se trata de un segmento que, en caso de satisfacer esta necesidad concreta que expresa, es muy fiel y es capaz de pagar una cantidad más alta a cambio de conseguir esta satisfacción. Por lo tanto, el margen por producto es mayor y, además, la empresa no se ve obligada a realizar tantas ventas y a crecer para mantener unos beneficios que la permitan seguir operando. 
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