Gestionar cobros mediante factoring

Existen diversas razones y ventajas que posicionan al factoring como una solución financiera eficiente. Permite conseguir liquidez a las empresas, sin necesidad de aumentar CIRBE, y con ciertas ventajas fiscales. Hemos analizado en diversas ocasiones el impacto financiero que tiene el uso de esta fórmula de financiación alternativa. Hoy queremos profundizar en el impacto positivo que generan este tipo de soluciones a nivel interno. 

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Impacto organizativo del factoring



Cuando recurrimos a otras soluciones financieras, como por ejemplo la solicitud de un préstamo bancario, nos encontramos con una serie de gestiones a realizar. Acciones necesarias para conseguir liquidez, pero que conllevan una cantidad de tiempo importante que puede generar ciertas ineficiencias internas.



Nos referimos, por ejemplo, a la apertura de un proceso de evaluación por parte del banco. Que provoca que tengamos que dedicar recursos del departamento financiero para dar respuesta a ciertas dudas sobre nuestro nivel de solvencia. El banco realizará sus propias comprobaciones, pero es probable que nos solicite todo tipo de información sobre el estado económico de nuestra empresa.



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En el factoring, sin embargo, no somos sometidos a ningún tipo de auditoría. Recordemos que esta fórmula de financiación está basada en la cesión de facturas emitidas y pendientes de cobro. Por lo tanto, a nivel operativo, no será necesario que presentemos información a la entidad financiera que nos adelantará el dinero pendiente de vencimiento. De hecho, el proceso es bastante rápido y, una vez firmado el contrato de factoring, sólo tendremos que ir enviando las facturas emitidas al factor, para que nos vaya aportando la liquidez derivada de dichas facturas.



Facilitando el proceso de cobro



No es el único impacto positivo a nivel organizativo. Lejos de tener sobrecargas por el adelanto del dinero, lo que vamos a conseguir es todo lo contrario. Con el inicio de una línea de factoring, nos olvidamos de todas las gestiones derivadas del cobro de facturas. Es decir, no será necesario enviarlas a clientes, ni reclamar el pago, recordar plazos de vencimiento a empresas deudoras… Todas estas operaciones, que generan ineficiencias y pérdidas de tiempo, quedan ahora en manos de la entidad financiera, que será la encargada de dar todos estos pasos en tu nombre.



Además, si se utiliza la opción de factoring sin recurso, el factor también asumirá el riesgo de impago. Es decir, si una empresa cliente se declara insolvente y no te paga la factura, será la entidad financiera quien absorba el impacto negativo y los números rojos. Tu compañía, por el contrario, habrá cobrado esa cantidad y no se verá perjudicada por la falta de pago de terceros.



En resumen, cuando definimos al factoring como “solución”, estamos en lo cierto. Realmente ofrece una solución, al aportar valor añadido (más allá de la liquidez) y reducir costes a todo el proceso administrativo relacionado con la gestión derivada del cobro de facturas. Pero, además, conseguimos una cobertura de insolvencia en el caso de utilizar la opción “sin recurso”, de manera que estamos matando dos pájaros de un tiro.



Existen consecuencias, derivadas de todo lo anterior, que en muchas ocasiones no se ponen en valor, y que sin embargo pueden resultar de gran utilidad. Por ejemplo, es común encontrarnos con procesos contenciosos ante actos de morosidad. Procesos costosos, tanto económicamente como en la utilización de recursos humanos propios y externos, y que en ningún caso se producirían de haber prevenido este tipo de situaciones con la utilización del factoring

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