Gerard López, el empresario de moda

Es el inversor en serie español, invirtió en Skype cuando era un sueño, esta es su historia.

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Gerardo es un hijo de inmigrantes gallegos que se fueron a buscar la vida en la próspera Europa setentera. Su familia era pobre, en Riotorto no había de que vivir, por lo que su familia se marchó. Su padre se fue a Europa a los 17 años a trabajar en la construcción. Suiza y Bélgica primero, luego una carnicería en Luxemburgo y acabó exportando jamón de bellota al Benelux.

En verano su padre le obligaba a estudiar después de comer. Su empeño era que aprendiera idiomas, creció en Luxemburgo (Esch-sur-Alzette), una pequeña localidad que limita con Bélgica en un barrio lleno de inmigrantes italianos y portugueses. Allí aprendió a chapurrear italiano, aunque ya sabía francés, alemán, luxemburgués, español, gallego, portugués e inglés. Todo eso lo completó en la universidad con el japonés y el árabe por los amigos.

El propio Gerardo dice de él que no era muy estudioso, pero sí que tenía un gran coeficiente de inteligencia. Lo que más le gustaba eran los deportes, seguía estando al tanto de todo lo que ocurría en España. Al tener su educación en los dos países le ayudó a tener una visión completa, global de las cosas.

Gerardo dice que para invertir debe sentir un flechazo, funciona con pasión y como el mismo dice “No soy un financiero puro, busco divertirme”. Con 17 años se fue a USA, las becas y un trabajo fregando platos en la universidad de Ohio, la Miami University, en la que figura hoy en día como consejo asesor. Estudió sin matarse matemáticas, estadística e ingeniería de sistema cuando poca gente lo hacía. A la vez lo combinó con arte asiático y con “Entrepreneurship”, montar empresas y luego venderlas.

Descubrió Internet a principios de los noventa, donde recuerda que en Europa se consideraba una moda pasajera, el viejo continente iba en tecnología 5 años por detrás de USA. Nadie apostaba por Internet en Europa y no había fondos.

Con 20 años en 1992 montó su primera empresa sin haber acabado la carrera, Icon Solutions, la cual vendió 18 meses más tarde, luego vino ProLease de alquiler de vehículos y más tarde Securewave con la que volvió a repetir el mismo camino.

Intenta ser discreto, tiene alergia a las corbatas y se le suele ver con vaqueros y deportivas, pero cuenta con mansiones blindadas en Londres, Luxemburgo o Dubái. Los coches también son su pasión, así como los aviones y obras de arte.

Un inversor especializado en capital-riesgo le comentó que en dos años se haría muy rico apostando por Skype, llegando a ser de los primeros europeos de los que apostó en las nuevas tecnologías de la información, lo que le hizo aún más rico.

En 2009 se metió en el mundo de la Fórmula 1 para comprar a Renault su escudería solo con sus propios fondos para darse a conocer en todo el mundo. Empezó a darse a conocer como un excelente relaciones públicas, que entre otros cuenta con la amistad de Putin, el presidente ruso.

La nueva pasión que tiene en mente es conquistar el Ártico con sus fuentes energéticas y enormes posibilidades en sus rutas comerciales alternativas a los comunes que pasan sí o sí por Suez. Para Gerardo el Ártico es la última frontera científica del mundo, todo se congela y es todo un reto.

Podríamos decir que los retornos financieros que podrían suponerle en Rusia podrían ser de hasta 20 veces lo invertido y con el apoyo de Putin, que tiene ganas de abrir su economía al resto del mundo y captar inversiones que contrarresten las sanciones que tuvieron por el conflicto ucraniano.

Al final como podemos ver, la fórmula 1, no fue más que un maravilloso escaparate del que se aprovechó para tener un buen número de amistades. La historia de Gerardo es un magnífico ejemplo de cómo tener visión de miras y confiar en el instinto puede llevar al éxito empresarial. A pesar de esta visión positiva, no debemos olvidar un gran talento, idiomas y esa pizca de suerte que siempre es necesaria.

 

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