Entrevista a José Mª Gay de Liébana, profesor de Economía

Gay de Liébana: “En España hemos carecido de una cultura relativa a la financiación alternativa”

El pasado 3 de febrero tuvo lugar un almuerzo-coloquio en Valencia bajo el título “España 2015: ¿la crisis es historia del pasado?”, organizado por APD y patrocinado por Gedesco y Bravo Capital. A esa misma pregunta dio respuesta el profesor y economista José Mª Gay de Liébana, protagonista del encuentro al que acudieron más de 200 empresarios y directivos. En Infocif lo entrevistamos para conocer en mayor profundidad temas de la actualidad empresarial. 

Entrevista a José Mª Gay de Liébana, profesor de economía de la Universidad de BarcelonaGay de Liébana: "El descenso de nuestra economía se ha frenado, todavía caminamos por el fondo del mar"
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Su conferencia se titulaba ‘¿La crisis es cosa del pasado?’. Le hago precisamente esa pregunta: ¿La crisis ha quedado atrás?

Creo que no, lamentablemente. Hoy no estamos en caída tal y como ha sucedido estos años, el descenso de nuestra economía se ha frenado, estamos caminando, por así decirlo, por el fondo del mar y ahora se trata de emerger para llegar a la superficie, que sería ese nivel económico que teníamos justo antes de estallar esta dura crisis. Falta, falta mucho aún pese a que algunos indicadores macroeconómicos apunten algo bien, o menos mal que antes.

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¿Cómo ha quedado la financiación bancaria tras la crisis y las fusiones de bancos en España?

El recorte de financiación bancaria ha sido drástico en el transcurso de estos años. La banca ha reducido sustancialmente la financiación al sector privado y la de las actividades productivas se ha contraído de una manera singular. Es cierto que nuestro sector financiero vivió de forma un tanto frívola durante los años de exuberancia y que el concepto riesgo, a menudo, no se conjugaba.

Hoy creo que nuestro sistema financiero se ha saneado y, en general, no cabe esperar sorpresas desagradables. El inconveniente es que hemos pasado de un buen número de entidades financieras a solo unas pocas, con lo cual la oferta crediticia se ha encogido y algunos afirman que estamos en condiciones de oligopolio.

Esto juega en contra de empresas, sobre todos de las pymes, y de las familias. El coste de todo el proceso de reestructuración bancaria no solo hemos de medirlo por el dinero público, o sea, a nuestra costa y con cargo a nuestros bolsillos, que hemos soportado sino también en clave de empeoramiento desde la perspectiva de la demanda de financiación bancaria. Toca, pues, pensar en otras alternativas…

¿Afectará a las empresas los recortes en la financiación de ICO para este 2015, previsto en el 35%? ¿Están los bancos preparados para cubrir ese hueco?

Habrá que ver. Me consta que durante los últimos año el ICO tenía fondos para inyectar financiación y que, por una u otra causa, no han llegado a sus destinatarios. Creo que el ICO debería tomar una iniciativa seria en facilitar el crédito sobre todos a las pequeñas y medianas empresas. En cualquier caso, la banca hoy está lo suficientemente saneada como para poder reemprender la concesión de crédito. Además sus balances están fortalecidos, sus cuentas de resultados se saldan de nuevo con resultados positivos, dispone de unos buenos fondos de provisiones para cubrir eventualidades y sus ingresos están en unos niveles bajos por los que la banca tiene que volver a hacer de banca y vivir de su negocio: prestar dinero.

¿Hay alternativas fiables a la banca para financiar a los negocios en España? ¿Cuál será el papel de la financiación alternativa?

Éste es el dilema y reto, a la vez, de nuestro tejido empresarial. De un lado, los mecanismos para que las empresas de una determinada dimensión acudan a los mercados financieros directamente no son cómodos y fáciles. De otro, las exigencias para recabar fondos en los mercados de capitales son rigurosas. Sin embargo, hay que instrumentar cauces para que las empresas puedan obtener financiación sin tener que recurrir forzosamente a la banca. En este punto, creo que en España hemos carecido de una cultura relativa a la financiación alternativa. Hablar de financiación aquí siempre ha sido sinónimo de financiación bancaria.

Hemos de procurar, ante todo, que nuestras empresas dispongan de unos aceptables niveles de recursos propios, de buenas capitalizaciones, porque al fin y al cabo la independencia financiera es un salvoconducto para sortear tantos y tantos obstáculos como los que hemos sufrido. Y luego debe saberse manejar adecuadamente la financiación ajena y percatarnos de que no todo es ni tiene que ser financiación bancaria…

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¿Cuáles son las claves a corto plazo para que las empresas españolas tengan los recursos financieros que necesitan?

Creo que no podemos generalizar. Cada empresa es un caso y en cada una de ellas se escribe una historia. Muchas veces nos planteamos todo lo malo de la financiación, de un endeudamiento excesivo, de una estructura de pasivo mal planteada que comporta fatídicas consecuencias, lamentables secuelas y, por añadidura, agita incertidumbres. Quizá el meollo nuclear radique en que la dimensión de los activos se ha sacado de contexto, en que se han vivido algarabías inversoras y en que los resultados se proyectaban bajo unos fundamentos excesivamente optimistas. Prefiero ver los balances y cuentas de resultados de una empresa, saber qué hace, cómo lo hace y qué derroteros toma su gestión para saber ver cuáles pueden ser las alternativas para la captación y manejo de recursos financieros.

¿Cómo deben preparar las empresas sus balances para afrontar los tiempos financieros que vienen en el futuro cercano?

El tema clave, para mí, es capitalizándose y capitalizándose, es decir, contar con recursos propios suficientes y no correr riesgos ni embarcarse en aventuras. Más vale ser pequeño y capitalizado que grande y endeudado. Eso requiere, de un lado, ver si con los recursos propios de que se dispone hay más o menos financiación suficiente como para mantener los niveles de actividad actuales.

De otro lado, comprobar si es factible incrementar, en caso de necesidad, el volumen de fondos propios y cómo hacerlo. Y, en tercer lugar, saber cuidar las cuentas de resultados, actuando sobre ingresos y férreamente sobre los gastos, para que éstas vayan proporcionando recursos suficientes en aras de la autofinanciación, cosa que obliga a saber marcar una política correcta gestionando los beneficios.