Tres casos, tres cagadas empresariales

Fuck Up Nights: “¡Hay que vender la piel del oso antes de cazarlo!”

¡Hay que vender la piel del oso antes de cazarlo!” sentenció Paco Tormo, CEO de Singularu, durante su charla en Fuck Up Nights, la noche de las cagadas empresariales, donde recomendó salir primero a vender, y luego, si tu servicio o producto gusta y empieza a tener pedidos, entonces desarróllalo.

Fuck Up Nights: “¡Hay que vender la piel del oso antes de cazarlo!”II edición de Fuck Up Nights
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Tormo aprendió esta lección a raíz de montar vetboard, una herramienta de gestión de negocios para veterinarios, que aunque apuntaba alto, al final no despegó del suelo.



Inicialmente, Tormo acudió con su idea a las grandes farmacéuticas, quienes le dijeron que tenía “un producto espectacular”, una opinión que no compartieron las clínicas veterinarias, que eran quienes tenía que comprar el producto.



El error fue desarrollar primero el producto – 20.000€ y mucho tiempo invertido – y luego salir a venderlo, cuando en su opinión hay que hacer todo lo contrario: primero vende el producto, y luego, si gusta y tienes pedidos, desarróllalo. Vetboard era sin duda una gran idea y un gran producto que hubiera ahorrado mucho dinero a los veterinarios, sin embargo éste les resultaba demasiado complejo y no le compraron ni uno.



En este sentido, Tormo aconseja “vender la piel del oso antes de cazarlo” y si hay alguien interesado en comprar piel de oso, ya saldrás a cazarlo, pero no te juegues primero la vida sin saber que luego vas a poder rentabilizar ese riesgo.



Actualmente, Tormo se encuentra gestionando un nuevo proyecto: Singularu, una plataforma de comercio online que vende joyas personalizadas.



 




 



Fuck Up Nights también contó con la participación de Javier Echaleku (Kuombo) y Eduardo Escartí, CEO de Navilo Mobile, quienes cerveza en mano compartieron con la audiencia sus mayores errores como emprendedores.



Como explicaba Ángel Pallás, responsable en España de Fuck Up Nights, la idea de este evento es crear un ambiente distendido, en el que tanto ponentes como asistentes se desinhiban y se lancen a hablar de forma abierta del fracaso.



Otro de los que tomó la palabra fue Escartí, el más novel de los tres, un “yogurín del emprendimiento” como el mismo se definió, por lo que su charla se centró más en su experiencia como trabajador por cuenta ajena en Alemania, de donde se volvió con dos lecciones aprendidas: una cagada sólo está mal si se repite, “la primera es gratis” bromeó, y la segunda, que todos los miembros de un equipos son culpables de los fracasos, aunque no intervengan directamente.



La primera lección la aprendió recién llegado a la empresa, cuando en su segundo día de trabajo un compañero que pasaba por detrás se paró y le dijo “esto está mal, no va a funcionar”, y continuó su camino. Esta franqueza, tan común en países como Alemania y tan inusual entre los españoles, ahorró tiempo y esfuerzo a Escartí, quien no volvió a cometer el mismo error.



En cuanto a los errores en equipo, Escartí contó el caso de un proyecto importante en el que la heterogeneidad de los integrantes - cuatro desarrolladores indios que trabajaban desde la India, dos becarios, dos desarrolladores en Alemania, uno español (Escartí), el otro alemán y un jefe de proyecto – hacía que los problemas y choques fueran constantes, ante lo que Escartí adoptó la “actitud del caballo”, mirando siempre hacia adelante sin preocuparse de lo que pasara a los lados. Esto fue un error, porque el proyecto en el que tanto tiempo había trabajado, casi un año, y tanto esfuerzo había dedicado, al final fracasó, y aunque Escartí hizo bien su trabajo, al final no sirvió para nada.





En último lugar saltó al ‘cudrilatero’ el luchador Javier Echaleku, un emprendedor que se arruinó después de llegar a facturar más de 4 millones de euros con su empresa de calzado (no dio más señas), que diseñaba y gestionaba la producción de zapatos en exclusiva de uno de los grupos de firmas de moda más conocidos de España, asegura Echaleku.



Echaleku confiesa haber cometido tantos errores que tendría para escribir un libro, aunque el mayor fue no haberse comprometido con el proyecto. “Era como si estuviéramos jugando”, afirma. Echaleku dice que hay que distinguir entre el quiero y el deseo. Muchas veces decimos que queremos crear una empresa, montar un negocio, pero que realmente “no lo intentamos de verdad”, no nos comprometemos.



Echaleku se quedó literalmente sin blanca y con muchas deudas difíciles de pagar. Sin embargo, este aficionado al boxeo se agarró a las cuerdas y no se dejó caer. Incluso, después de varios años recuperándose de las heridas e inspirado por el espíritu de George Foreman - este boxeador americano logró ganar el cinturón de los pesos pesados con 45 años y después de llevar 20 años retirado -, volvió a emprender y montó Kuombo, una agencia de ecommerce que recientemente ganó el galardón de Mejor Agencia Online de España en 2014, otorgado por eWorld. Para quien quiera saber más de la historia de Echaleku, él mismo lo cuenta en su blog.