Formación y empresa

Es una evidencia que, en líneas generales, a mayor formación de una persona, más opciones tiene para acceder a cargos de mayor importancia durante su vida laboral. 

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Aquellas personas que disponen de un nivel formativo más alto, de media, gozan de una mejor posición y, durante su carrera profesional, pueden desarrollar una carrera que los permite tomar nuevas responsabilidades a medida que va pasando el mismo tiempo. Del mismo modo, para la propia empresa, es importante tener una plantilla lo más formada posible. Hay que tener en cuenta que son las personas, los recursos humanos, los encargados de desarrollar los planes y llegar a los objetivos marcados por la dirección. Por lo tanto, deben contar con aquellas habilidades necesarias para llevarlas a cabo. Además, hay que tener en cuenta que, en el contexto competitivo actual, las empresas hacen importantes esfuerzos en desarrollo y que, por lo tanto, las innovaciones se suceden una tras otra. Por lo tanto, hay que capacitar al personal para que sea capaz de comprender estos nuevos procesos para, así, mantener la competitividad y no perder posiciones respecto la competencia.

Formación y empresa                                              

Por lo tanto, como se ha visto, la empresa es la primera interesada en tener un personal capaz. Así pues, no debe considerarse la formación como un gasto, sino como una inversión que permitirá desarrollar los planes según como se ha marcado y llegar a los fines que se han marcado como objetivos. Por lo tanto, una empresa debe realizar lo siguiente para asegurar una correcta formación a su personal:
 

  • Conocer los recursos que dispone para formación: la compañía debe asignar una partida para satisfacer las necesidades en materia de formación de sus empleados. Por lo tanto, debe conocer cuántos recursos dispone para ello y si con la cantidad prevista en un inicio hay suficiente para poder subsanar las necesidades formativas de la empresa.
     
  • Estar atentos a las innovaciones que aparecen en el sector: cada innovación supone una mejora de competitividad y, en caso de no incorporarla en los procesos, significa quedarse por detrás de la competencia y perder oportunidades. Por ese motivo, la compañía debe estar muy atenta a todas las noticias que aparecen alrededor del sector donde opera para poder incorporar cada una de las mejoras y, en caso que sea necesario, formar al personal encargado de desempeñar aquel trabajo.
     
  • Atender a las necesidades que surgen dentro del grupo: los propios trabajadores deben poder opinar sobre qué aspectos creen que sería necesario mejorar. Hay que tener en cuenta que, desde dirección, es casi imposible conocer cada uno de los procesos que se desarrollan dentro de la empresa con todo detalle. Quien sí lo conoce, porque se trata de su trabajo diario, es el propio trabajador. Por lo tanto, en caso que éste haga alguna propuesta o conozca cierta innovación, es importante escuchar su aportación y, en caso de considerarla correcta, incorporarla y realizar la correspondiente formación.

¿Qué consecuencias tiene la falta de formación?

Las consecuencias de trabajar con un grupo no suficientemente formado son nefastas a todos los niveles, también económico. Aunque en un principio hay un ahorro por no tener que sufragar con la formación, en un plazo ya corto de tiempo se notan las consecuencias negativas. Como se ha comentado al inicio, la formación se debe entender como una inversión, no como un gasto. Así pues, en caso que el personal no haya desarrollado las habilidades necesarias, pueden ocurrir los siguientes hechos:

 

  • Pérdida de competitividad: si todas las empresas del entorno y del sector en general se deciden a innovar e invertir en nuevos procesos, quien no lo haga perderá competitividad porque seguirá desempeñando la actividad de una forma que da un menor rendimiento. Por lo tanto, cada vez que surge una innovación y la empresa no se acoge a ella, va perdiendo posiciones y, mientras su entorno avanza, ella se queda estancada.
     
  • Incapacidad para afrontar los cambios: nos encontramos en un contexto altamente competitivo, con cambios constantes tanto en el entorno donde opera el sector como en las preferencias de los consumidores. Por lo tanto, si la compañía quiere seguir manteniendo la misma cuota de mercado, debe conocer y adaptarse a estos cambios. Para hacerlo, deberá operar de forma diferente que hasta aquel momento. Si es incapaz de realizar ese cambio, entonces sufrirá una constante pérdida de clientes y bajaré su participación en el mercado.
     
  • Aumento de los riesgos laborales: la formación también sirve para que todas las personas que trabajan en la empresa sean capaces de realizar el trabajo de la mejor forma posible y que sean conocedoras de todos los aspectos y riesgos que entraña su trabajo. Si no se imparte la formación al respecto, la probabilidad que surja algún problema en alguna fase de la actividad aumenta de forma exponencial, porque no se ha dotado el personal de los conocimientos necesarios para desempeñar su trabajo. Es decir, la empresa no debe solamente ofrecer las herramientas necesarias para trabajar correctamente, sino que también debe de enseñar cómo utilizarlas.
     
  • Personal cada vez menos cualificado: si los trabajadores no reciben formación, entonces cada vez tendremos un personal menos cualificado con un valor inferior al de otras empresas de la competencia.
     
  • Desmotivación en el equipo: el personal es consciente que, en otras empresas de la competencia, se están desarrollando nuevas prácticas de acuerdo con las innovaciones del momento. Al ver que en su empresa no se realiza este cambio, entenderán que están perdiendo oportunidades y que se están quedando desfasados en relación a otros. Por lo tanto, estarán más nerviosos y desearán cambiar a aquellas empresas donde sí se estén implementando potentes planes de formación. Los que más probabilidades tendrán de encontrar un nuevo trabajo serán, también, los más cualificados, por lo que la empresa sufrirá una importante pérdida de talento.
     
  • Menor beneficio: la pérdida de clientes consecuencia de no adaptarse a sus nuevas preferencias o el continuar produciendo según unos procesos antiguos más costosos llevan como consecuencia una pérdida de beneficios. 
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