Cuando el expediente académico nada tiene que ver con el éxito laboral

Sus profesores les auguraban fracasos, sus padres escucharon afirmaciones preocupantes. Pero ellos  triunfaron, demostrando que el expediente no lo es todo.

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Desde que el gigante Google en palabras de Laszlo Bock, su vicepresidente de Recursos Humanos, afirmara que “una de las cosas que hemos aprendido tras analizar todos los datos de nuestro proceso de selección es que el expediente académico y la puntuación de los candidatos en los test son inútiles como criterio de contratación” ha habido una revolución alrededor del tema, y en la compañía el cambio empezó a notarse enseguida.

Tras comprobar que los datos académicos no suponían nada, a menos que el empleado fuera recién titulado, la proporción de trabajadores de Google sin título universitario no paró de crecer. Bock reconocía que “hay equipos en los que el 14% de los miembros nunca han ido a la universidad”.

Comprobaron que existía una desconexión entre lo que se enseña en la universidad y el trabajo que se realiza en la compañía, y que tras dos o tres años, la habilidad de los empleados para desempeñar tareas en la empresa no tenía ninguna relación con lo buenos que fueran en la escuela, ya que las habilidades requeridas en la compañía y las requeridas en la universidad eran totalmente diferentes.

Google comenzaba a buscar personas a las que les gustara averiguar cosas para las que no hay una respuesta obvia, y esto es algo para lo que no se nos entrena en la universidad. Bock sostenía que “La gente que tiene éxito en la universidad, es un tipo de gente específicamente entrenada para tener éxito en ese ambiente”.  

 

 

Estas afirmaciones de Google lanzan dos ideas claras: ser buen estudiante no augura el éxito profesional, necesariamente, ni ser mal estudiante nos aboca al fracaso laboral. De este modo, nos pueden venir a la cabeza grandes nombres de la Historia o de los negocios que no destacaron precisamente por su brillante expediente académico, pero que sí han dejado huella con sus éxitos laborales.

Nos topamos con John Gurdon, premio Nobel de Medicina en 2012. Medio siglo antes, los padres de Gurdon recibían preocupantes comentarios de su profesor, tales como “Su rendimiento, sus resultados, son insatisfactorios. No asimila bien. Las notas donde apunta sus experimentos están rasgadas y confusas” o “A menudo se encuentra perdido, porque no escucha. Insiste en hacer las cosas a su manera. Me ha llegado la noticia de que quiere ser científico. En las circunstancias actuales, me parece algo ridículo”.  

Los maestros de Albert Einstein se quejaban de su lentitud, del tiempo exagerado que se tomaba para pensar sus respuestas, decían que no conseguía aprender nada de memoria y tampoco era capaz de asimilar las reglas y las órdenes. A los 16 años fue rechazado en una primera prueba de acceso a la Escuela Politécnica de Zurich por sus malos resultados en letras, pese a destacar en otras materias. Años después, esta gran personalidad, y padre de la teoría de la relatividad, dejaría una reflexión que vendría a dar la razón a Google y a todos los que defienden otras formas de aprender y enfrentarse al mundo laboral: “La educación es lo que queda después de que uno ha olvidado lo que aprendió en la escuela”.

Hay un gran triunfador que llegó a recibir dinero por estudiar. Bill Gates, fundador del gigante Microsoft, recibía 25 dólares de sus padres por cada sobresaliente obtenido en la escuela, hay formas y formas de motivar claro. Conocido también es el caso de Steve Jobs, que decidió no acabar sus estudios universitarios, y en lugar de eso viajó a la India y a su regreso fundó Apple, y hasta aquí nada más que aportar, todos conocemos el éxito de su compañía y sus productos.

Tal vez, empresas y reclutadores deberían comenzar a pensar como en Google más a menudo y buscar más allá del expediente académico, probado está que siempre se puede encontrar un genio en cualquier ámbito, aunque en el colegio tuviera que cobrar una cantidad simbólica de dinero para mostrar interés en los estudios. Al mismo tiempo, los centros de estudio podrían enfocarse más a adaptar los criterios de enseñanza al estudiante, para que los genios puedan desarrollar todo su potencial sin sentirse fracasados o aburridos.

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