El caso de éxito de bicicletas 'Orbea'

El caso de Orbea es digno de contarse, toda una empresa clásica del sector ciclista español que incluso tuvo su equipo profesional en el pelotón internacional.

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La marca vasca hace unos meses decidió relocalizar su producción. Hasta el 30 de junio de 2015 fabricaba sus bicicletas en Kunshan (China) y debido a la dilatación de los tiempos respecto a sus competidores (al tener que ser transportadas desde el país asiático) han regresado con el objetivo de potenciar las instalaciones de Aveiro (Portugal), que se amplía con una nave de 8.000 metros cuadrados.

Además de Portugal, se da impulso al centro de Mallabia (Vizcaya), donde está la sede de la marca y trabajan 170 personas. Aquí es donde la capacidad para customizar las bicicletas, tanto en pintura como a los componentes tendrá cumplida respuesta.  Los clientes cada vez más demandan una bicicleta que se pueda personalizar, algo a lo que ya atendían en las compras Online en su página web.

Aunque han dejado de fabricar en tierras chinas, Orbea no dejará su actividad comercial allí, potenciando sus plataformas logísticas, tanto la de Hong Kong, como la de Little rock en Estados Unidos, además de mantener el centro de desarrollo de productos que tiene en China.

La compañía que comanda Jon Fernández tiene el 30% de sus ventas en el extranjero. Orbea se convirtió en cooperativa a principios de los setenta, aunque sus comienzos fueron en 1840, cuando una familia que se apellida con el mismo nombre, creo una fábrica de armas en Eibar.  En el siglo XX evolucionó para pasar a fabricar bicicletas y hoy en día es uno de los escasos fabricantes de dos ruedas que quedan en España.

Una empresa acostumbrada a renacer

En 1969 fue la primera vez que supo lo que era tocar fondo. Ante estos malos momentos, los trabajadores de Orbea tomaron el control de la empresa y asumieron los pasivos y activos, constituyéndose en cooperativa y trasladando las instalaciones que se encontraban en Eibar a Mallabia.

La segunda crisis tuvo lugar a mediados de los 90, el ciclismo estaba de moda. El gran estado de forma de Miguel Indurain y compañía, junto a la moda de las mountain-bike, hizo que los bancos tuviesen como uno de sus principales reclamos, regalar bicicletas. Un crecimiento con solo esa base hizo que entre 1995/1996 el mercado se hundiera. Para hacerse una idea, en 1992 hubo una venta de bicicletas de 2 millones de unidades, lo que significaba duplicar las cifras de ventas normales. Hubo que cambiar de táctica.

Las 3 claves de su éxito

Abrir mercado en el exterior: En los 90 la práctica totalidad de las ventas se producía en España. Hoy en día la estadística ha cambiado y se vende más en el exterior.
Elevar el nivel de la marca: Orbea en aquella época era relacionada con un producto de gama baja, más enfocada a gente que recordaba a la marca del pasado. Pasó a ubicarse en el segmento de gama media alta.
Desarrollo de productos propios: No querían solo aprovisionarse de piezas para integrarlas en una cadena de montaje, querían crear un área de I+D+i a fin de desarrollar un producto con identidad propia.

Apostar por la aplicación de nuevas tecnologías, así como la investigación, es una de las líneas fundamentales de una empresa que, poniendo énfasis en nuevos materiales, inversiones en electrónica, diseño o biomecánica han conseguido que Orbea haya pasado por varias crisis saliendo con vida de ellas y además reforzando su fama de calidad.

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