Los pros y contras de invertir en franquicias

Las franquicias son un modelo de negocio muy atrayente; diferentes motivos como que permiten un rápido crecimiento, que conllevan unos riesgos menores o que permiten el acceso a economías de escala, las hacen muy atractivas a ojos de los emprendedores. ¿Pero es todo tan bueno, o tienen inconvenientes?  

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Pues no, no todo es bueno. Las franquicias no son soluciones mágicas, requieren de tanta dedicación, inversión y trabajo como el resto de negocios, porque son eso, un negocio. Y como todos los negocios requieren su dosis de trabajo y traen su dosis de riesgo.

Pero además, en el caso de las franquicias, se crean una serie de obligaciones y compromisos que en otros modelos de negocio no aparecen, y además, en ellas es fundamental que ambas partes se preocupen por generar beneficios recíprocos y siempre estén muy pendientes del consumidor final.  

Pros para el franquiciado

El más llamativo es el de poder beneficiarse del prestigio del que goza la marca en el mercado, asegurándose los clientes desde el mismo inicio de la actividad. Pero además, el franquiciado ya conoce cómo va el negocio, es decir, sabe si es seguro y puede comprobar sus resultados.

Algo muy importante hoy en día es ser conocido en la Red, así el franquiciado puede beneficiarse ya del buen posicionamiento del negocio en Internet. Se puede ahorrar reacciones inesperadas del mercado, ya que previamente la marca ya ha hecho pruebas en tiendas piloto y en otras que formen parte de la cadena, así que esa parte está superada.

Por supuesto, el franquiciado se beneficia también de algo muy importante, el ‘saber hacer’ y la experiencia que ya tiene la empresa de forma previa, además suelen contar con herramientas tan necesarias como un buen soporte informático de control, la seguridad en el aprovisionamiento o las ventajas económicas de compra, al beneficiarse de las ventajas de la economía de escala de la cadena escogida.

Por otro lado, es importante saber que el riesgo de comenzar un negocio se reduce en el caso de las franquicias, y que con este modelo de negocio nos aseguramos una exclusividad de zona.

La imagen que heredamos de la empresa, siempre que sea buena claro, nos proporciona mayor solvencia frente a terceros, además es mucho sencillo contar con mayor notoriedad de marca y una buena imagen comercial.

Aunque nuestro negocio sea a nivel local, podremos beneficiarnos de las campañas de la empresa a nivel nacional. Y por supuesto, previamente habremos recibido una formación inicial, y podremos ir reciclándonos siempre con un soporte formativo e informativo permanente y adecuado a las últimas técnicas que esté siguiendo la cadena.

En definitiva, la franquicia nos permite beneficiarnos de las ventajas y herramientas que proporciona una gran empresa, aunque seamos un negocio pequeño y local, y siempre con la ventaja de que estamos siendo nuestros propios jefes.

Contras para el franquiciado

La primera sería el hecho de perder buena parte de la libertad que nos daría constituir un negocio absolutamente propio, lo que hace que el franquiciado pierda parte de su independencia empresarial. Esto también nos relaciona directamente con la suerte que le toque al franquiciador, es decir, que si éste realiza una mala gestión, nosotros nos veremos afectados aunque nuestro hacer esté siendo impecable.

Vamos a invertir mucho tiempo, esfuerzo y dinero en el negocio, pero en realidad, no somos propietarios ni del nombre ni de la marca comercial que trabajamos, por lo que en ocasiones nos podemos agobiar pensando que todo nuestro esfuerzo es en realidad beneficio de otro. Además, y a pesar de estar dedicados al negocio como si fuera nuestro, cualquier aportación que hagamos será meramente consultiva, ya que no contamos con poder ejecutivo.

A la hora de arrancar, puede suceder que nos falten datos o conocimientos sobre la cadena, sin poder estar seguros al 100% de que sea rentable, fiable, etc. También, al dar los primeros pasos, puede ocurrir que no recibamos en el momento adecuado la planificación y organización a seguir por parte del franquiciador, lo que complica un poco las cosas, es decir, que arrancar bien no depende solo de nosotros.

Durante la vida del negocio tampoco contamos con total autonomía, por lo que en ocasiones es probable que surjan desavenencias, y no siempre estemos de acuerdo con algunas filosofías del franquiciador en diferentes aspectos del negocio.

La parte económica también puede suponer una desventaja, ya que tendremos que abonar parte de los beneficios que nos dé el negocio, de forma permanente y puntual, al franquiciador, tanto si nos ha ido muy bien, y son muchos los beneficios, como si ha sido un mes desastroso.

 

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