Pensamiento positivo, qué actitudes adoptar para evitar la infelicidad dentro y fuera de los negocios

Ser capaz de mantener una actitud positiva en cualquier momento, frente a cualquier dificultad no es tarea fácil. No se trata de pensar todo va a ir bien en determinados momentos, de darse golpecitos en la espalda y esperar que todo mejore por sí solo. Hay que trabajar la actitud, en cada momento del día, mientras se trabaja duro en todo lo demás. Sea como sea, los expertos afirman que vivir con una actitud positiva supone el 77% del éxito, tanto profesional como personal.  

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Ser capaz de mantener una actitud positiva en cualquier momento, frente a cualquier dificultad no es tarea fácil. No se trata de pensar todo va a ir bien en determinados momentos, de darse golpecitos en la espalda y esperar que todo mejore por sí solo. Hay que trabajar la actitud, en cada momento del día, mientras se trabaja duro en todo lo demás. Sea como sea, los expertos afirman que vivir con una actitud positiva supone el 77% del éxito, tanto profesional como personal.

Los estudios concluyen que aquellos que alcanzan el éxito son aquellos más competentes en el arte de dominarse a sí mismos, de soportar la presión, de hallar soluciones creativas, de hacer sinergias inteligentes y en definitiva, aquellos que prestan atención a su cociente emocional.

Pero como decíamos, tener una actitud positiva frente a la vida no es cuestión de fe, no es creer sin más. La felicidad, o más bien una actitud positiva, que nos lleve a realizarnos en todos los ámbitos de nuestra vida con éxito, supone hacer un esfuerzo consciente, forzarse a hacer las cosas de otra forma, a pensar de otra forma. Hay que entrenarse, realizar un poco de gimnasia emocional. En definitiva, adoptar una actitud frente a la vida es un acto de voluntad.

Para ser capaces de pensar en positivo debemos adoptar tres comportamientos clave. El primero de ellos es ser capaces de definirnos unos objetivos claros, que paso a paso podamos ir cumpliendo, y que además nos permitan medir los resultados, motivándonos a mejorar cada día, para lo cual deberán estar muy ajustados a nuestro propio perfil.

En segundo lugar, ponernos en marcha cada día con dedicación, esfuerzo y trabajo duro. Esto es básico, sin entrega no hay recompensa, no podemos esperar que las oportunidades y las alegrías que vienen con ellas nos caigan del cielo, debemos estar empeñados en ellas, buscándolas y creándolas, para dedicarles después nuestro mejor yo.

Por último, debemos ser capaces de resistir ante la frustración, a través de nuestras experiencias vitales vamos adquiriendo capacidades para enfrentarnos a problemas y obstáculos de toda índole. Es así, a través de la experiencia que acumulamos viviendo y esforzándonos cómo llegamos a ser capaces de enfrentarnos cada vez con mejor actitud ante los problemas. Los ejercicios positivistas, aprendidos de un día para otro, no nos ayudarán en esto.

Obviamente, los pensamientos o actitudes positivas no son los únicos que nos rodean y nos asaltan. La negatividad está presente en el día a día, y puede ser muy poderosa. Hay momentos, tanto en los negocios como en nuestro entorno personal, en los que las cosas no salen como esperamos, en los que las metas se alejan en lugar de acercarse, y nos sentimos frustrados y cansados.

Son los momentos propicios para que la negatividad aparezca y nos repitamos una y otra vez que no somos capaces. Pero no es así, simplemente estamos cansados, la creatividad, el darle la vuelta a las cosas y tratar de enfocarlas desde otro ángulo, nos pueden ayudar a salir de ese agujero y volver al camino de la motivación para seguir nuestro camino.

Hoy en día, está cada vez más claro que la productividad de un negocio pasa por la felicidad de los empleados. Cuanto mejor se sientan los trabajadores dentro del negocio, mejor será su rendimiento y, por tanto, mejores resultados para la empresa. Para que todos se sientan bien es importante que se sientan valorados, escuchados y tenidos en cuenta. La figura de un gerente intocable, con el que da escalofríos tener que tratar y que únicamente te llama a su despacho cuando algo va muy mal, debe quedar desterrada.

Cuanto más fluida y honesta sea la comunicación entre todos los niveles de la empresa, mejor funcionará todo. De ahí que haya nacido un nuevo paradigma de las relaciones humanas, la Gerencia de la Felicidad.

Hoy en día existen empresas pioneras, que se anticipan a otras tomando medidas innovadoras que cambian paradigmas, como el del jefe tirano al que toda la oficina teme. La Gerencia de la Felicidad es la encargada de gestionar el grado de satisfacción de los empleados, su “felicidad” dentro de la empresa. La premisa básica es que un trabajador feliz es un trabajador motivado, y con ello más productivo y comprometido con el proyecto de la empresa.

Los empleados pasan la mayor del tiempo en sus puestos de trabajo, si no son capaces de ser felices en él, poco espacio para la felicidad les queda. Antes de que el pensamiento positivo y la felicidad se pusieran de moda, el banco chileno BancoEstado Microempresas (BEME) decidió poner especial preocupación dentro de su organización a este tema. La idea era instalar el objetivo de que todos los empleados estuvieran contentos de trabajar donde trabajan. Para esto se le dio un giro también a la misión del equipo de Recursos Humanos, que ahora atenderían a los empleados de forma integral, y no se preocuparían sólo de pagar lo justo o capacitar a los empleados en determinadas tareas.

Lo primero fue cambiar el concepto de jefe. Nunca más debería ser visto como esa figura distante y atemorizadora; el jefe ha de tener un rol ético no sólo de cumplir con resultados, sino de velar por el cuidado de las personas que tiene a su cargo. Además se tienen muy en cuenta otros factores básicos para la felicidad de los empleados como la participación, la conciliación o el darle un sentido al trabajo, que aporte un valor a lo que cada cual realiza cada día para el resto de personas.

 

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