¿Cómo determinar el país de origen de una mercancía?

Muchos de los productos que encontramos hoy en día provienen de otros lugares del mundo. 

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Pero aún más: puede que contengan elementos de distintos países y hasta continentes. Así pues, el resultado final que encontramos, por ejemplo, en el lugar de compra, se ha compuesto de muchos procesos y transformaciones distintas. Así pues, una de las grandes dificultades con las que nos encontramos es cómo definir de qué país es originario un producto. ¿Cómo determinamos su origen? ¿A través del lugar del cual son las materias primas? ¿Dónde se ha llevado a cabo la transformación más importante? ¿O según dónde esté ubicada la sede central de la empresa mayoritariamente transformadora? Para resolver estas preguntas, se han llevado a cabo una serie de reglas para fijar esta definición. Se ha dividido los productos según su grado de elaboración en cada país y, a partir de esta clasificación, se han establecido los distintos criterios.

Productos enteramente obtenidos                                     

Se encuentran dentro de este producto todos aquellos productos que se han elaborado de forma completamente solamente en un país. Ello significa que no incluyen ningún tipo de materia de otro país. En este caso, la duda no existe: el producto es de aquel lugar donde se ha efectuado todo el proceso productivo.

Productos suficientemente elaborados

Para este tipo de productos, se ha establecido una norma marco: la mercancía tendrá el origen de aquel país donde se haya llevado a cabo la última transformación o elaboración que se considere substancial. Por lo tanto, el producto resultante debe ser nuevo y el grado de fabricación realizado en aquel lugar debe de ser muy importante. Entonces, el problema se encontraba en definir cómo determinar que un producto es suficientemente elaborado. Para marcarlo, se fijaron cuatro métodos:

  • Materias que se han obtenido de forma entera: se marca como obligatorio que todas las materias primas hayan sido obtenidas en el país. Los casos más claros son los relacionados con los productos obtenidos de la agricultura, la ganadería o el mar. Como mar entendemos aquellas aguas reconocidas como fronterizas del país en cuestión.  
  • Modificaciones en la partida arancelaria: las partidas arancelarias son numeraciones mediante las cuales se “etiquetan” los diferentes productos. Son reconocidas y aceptadas por todas aquellas empresas y países que realizan transacciones a nivel internacional. En esta sentido, el producto es originario de aquel país donde, consecuencia del proceso productivo, se cambia el número de la partida arancelaria. Se utiliza en aquellos casos que un mismo producto es resultado de haber recogido materias primas procedentes de distintos países.
  • Prueba técnica: se reglamentan aquellos cambios y transformaciones que han sido necesarios hasta conseguir el producto final transformado. Para poder corroborarlo, es imprescindible que haya habido un cambio en los métodos técnicos que se han desempeñado respecto los utilizados hasta aquel momento. Se utiliza de forma muy habitual para determinar el origen de productos relacionados con el textil o la confección.
  • Porcentaje ad valorem: se marca un porcentaje máximo de las materias no elaboradas que es necesario que se usen para llegar al producto final. Éste no puede ser más del cincuenta por ciento, es decir, la mitad. Se utilizará este criterio en los productos en los cuales es imprescindible añadirle mano de obra y materiales originarios. En el caso del precio de fábrica, será el precio total que recibe el fabricante una vez se ha desempeñado la última transformación.

Transformaciones insuficientes

Se trata de aquellos cambios que se realizan durante el proceso productivo que no suponen un cambio significativo en las propiedades o características que tiene el producto. Este criterio lo encontraremos en la valoración de origen de los productos industriales. Algunas de las transformaciones que no se consideran suficientes son las siguientes:

  • Todos aquellos cambios que se realizan para conservar o embalar el producto para que no sufra ningún daño durante el transporte. Aunque se trata de un paso imprescindible para asegurar su integridad, no se considera que el producto haya sufrido ninguna transformación significativa porque él en sí no se ha transformado. Aunque en marketing se considera el embalaje como una misma parte del producto, en este caso la finalidad del embalaje es conservar el producto y no tiene una finalidad claramente comercial.
  • El lavado y limpieza del producto: sencillamente se trata de un tema de estricto mantenimiento, no de transformación significativa.
  • Agrupar los bultos: en un caso mucho más claro que el anterior. Consiste en poner los bultos necesarios para realizar el transporte de forma ordenada.
  • Planchado del producto: se entiende que es en términos de asegurar que esté en unas determinadas condiciones, pero el producto no ha sufrido ninguna transformación y continúa siendo el mismo.
  • Pintar y pulir el producto: se trata de un trabajo adicional que no cambia de forma significativa nada.
  • Aromatizar el producto: a muchos productos se les añades aromas artificiales. En su afán por ir más allá, el marketing ha entrado en este segmento. Se ha estudiado que los olores pueden generar emociones en los clientes. Así pues, las empresas buscan crear aquel contexto y olor que cree en la persona aquella sensación distinta.
  • Afilamientos y cortes sencillos: se trata de últimos recortes sobre un producto que ya está prácticamente finalizado.
  • Envasar las botellas, latas y refrescos o embolsar: se trata de colocar el producto acabado en un recipiente, nada más.
  • Colocar las etiquetas o la marca: su finalidad es hacer reconocible la marca del producto para que el cliente lo asocie a unos determinados valores. En referencia a las etiquetas, se quiere crear una imagen que sea llamativa para que, en un primer vistazo, quien pase por delante siente curiosidad. Igualmente, se tratan de técnicas de marketing, no de transformación del producto.
  • Montaje de pequeñas piezas: si solamente se añaden pequeñas piezas a un producto que ya está finalizado y definido.
  • Añadir agua o algún tipo de disolución: añadir algún líquido a un producto acabado para así pueda funcionar algún elemento ya existente. 
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