Imaginación y diferenciación son las principales armas de los hosteleros alemanes

Así contrarrestan los hoteles alemanes la falta de sol

Dormir en una cabaña con forma de cubo en el centro de Berlín, en un hotel vegetariano y bio-sostenible o alojarse en una película de suspense son algunas de las propuestas más peculiares que ofrecen los hoteles en Alemania.

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Alemania no destaca precisamente por su buen tiempo ni por tener playas paradisíacas, pero registra más de 411 millones de pernoctaciones al año y la competencia por los visitantes en el sector hostelero es feroz.
Así algunos establecimientos han tirado de imaginación y originalidad para contrarrestar otras carencias y atraer turistas, convirtiendo el alojamiento en una parte esencial de la experiencia.
Pernoctar en el corazón de Berlín, una ciudad de tres millones y medio de habitantes, rodeado de naturaleza es posible en el Scube Park, un alojamiento que aúna los conceptos de hotel y camping con una treintena de cabañas cúbicas de tres metros de lado.
Markus Haas, fundador de Scube Parks, explica que en 2006, con motivo del mundial de fútbol en Alemania, dio con esta solución para alojar a los aficionados que se desplazaban a Berlín.
El éxito fue tal que ocho años después este peculiar campamento ya se ha ganado un hueco permanente a un lado del antiguo aeropuerto de Tempelhof, el mítico aeródromo del puente aéreo, ahora convertido en parque público.
"Algunos vienen por el concepto, porque tienen un hotel al aire libre, un suelo bajo el cielo, y otros vienen porque estamos bien situados y no es caro. Además el ambiente es el de un cámping pero con las comodidades de un hotel", asegura.
Aunque sus habitaciones están al aire libre, Haas asegura que el alojamiento también tiene mucho éxito en invierno, "especialmente para las parejas", atraídas por el romanticismo de dormir en medio de un paisaje nevado.
Sin salir de la capital alemana, un rincón del alternativo barrio de Friedrichshain exhibe retratos de Penélope Cruz y Pedro Almodóvar como parte de la decoración del hotel que lleva el nombre del director de cine.
Sin embargo, el nombre del Hotel Almodóvar es meramente anecdótico y lo que diferencia realmente a este alojamiento es ser el primer hotel biológico y vegetariano de Berlín.
La fundadora Alexandra Müller-Benz, vegetariana y consumidora de productos biológicos, es también fan del director y consideró que la filosofía que quería dar a su hotel se ajustaba bien al estilo de Almodóvar al abordar temas serios en sus películas.
"Aquí vives orgánicamente, vives de una manera sostenible, y empiezas a pensar sobre ello, pero no quiere decir que estés obligado a hacerlo", explica Doreen Wagner, asistente de la dirección del hotel.
De hecho, según cuenta, muchos huéspedes no se dan cuenta de que se trata de un hotel "bio-sostenible" hasta que, por ejemplo, echan en falta la habitual nevera en la habitación.
"Muchos se sorprenden y se dan cuenta de que no echan de menos nada si tratan de vivir de una manera sostenible o usan productos orgánicos", asegura Wagner.
Pero las curiosidades no se limitan a la efervescente capital de Alemania y llegan incluso a pequeñas localidades no especialmente turísticas como Hillesheim, en Renania-Palatinado (oeste), que se ha convertido en parada obligatoria para los amantes del género del suspense.
Allí, además de haber una "Casa del crimen", con una librería especializada y un café dedicado a Sherlock Holmes, el turista puede alojarse en el "Hotel del crimen", donde cada detalle gira en torno a este género, desde la habitación "Colombo" para el viajero solitario a la suite "El nombre de la rosa", basada en la novela homónima de Umberto Eco.
La visita se puede completar con un recorrido histórico por la ciudad, una cata de brandy, una charla de uno de los escritores invitados o el clásico té de las cinco.
Para los amantes de la comida, el primer supermercado-hotel de Europa les espera en Neuwied, también en Renania-Palatinado, donde 46 habitaciones temáticas harán, nunca mejor dicho, las delicias del turista.
Camas decoradas con galletas Príncipe, paredes rojas rematadas con botellas de Coca Cola o habitaciones ambientadas al estilo de los productos del Dr. Oetker son algunas de las propuestas de este peculiar hotel de cuatro estrellas.