¿Por qué se quiere limitar el dinero en efectivo?

Las transacciones a lo largo del tiempo: La forma como se han realizado las transacciones comerciales ha ido variando a lo largo de la historia.

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En un principio, existía el trueque: se intercambiaban unos productos  por otros que, según las dos partes, tenían el mismo valor. Durante muchos años, el precio del dinero estaba referenciado al peso del oro. Más adelante, gracias a la aparición de los billetes y las monedas, empezamos a cuantificar cada producto según el valor de aquel papel. Se trataba de un cambio importante, porque no se mesuraba el valor del papel en sí, sino que se valoraba según el importe que se podía ver impreso. Pero el gran salto apareció a partir de la posibilidad de realizar los pagos mediante tarjeta. En este caso, no encontramos ningún tipo de pago físico, sino que se rebaja el importe gastado de la cuenta corriente asociada a aquella tarjeta. Esta forma de pago ha ido aumentando de forma progresiva gracias a su comodidad y rapidez. Ahora bien, los avances tecnológicos nos han permitido ir aún más allá y, actualmente, es posible realizar una compra hasta con el teléfono móvil.

La progresiva retirada del efectivo           

Como se ha comentado, a medida que ha ido pasando el tiempo, el efectivo ha ido perdiendo peso como forma de pago. Ahora bien, dentro de la misma Unión Europea, por ejemplo, aparecen importantes diferencias entre estados. Así, mientras que en Dinamarca tres cuartas partes de los pagos ya se realizan con tarjeta, en el caso español esa cantidad supera por muy poco el 50%. Gracias a esa cultura, el país escandinavo se ha marcado como reto que, con los años, la presencia del efectivo desaparezca y que todas las transacciones se realicen mediante medios de pagos distintos, como los comentados de tarjeta o móviles. Para fomentarlo, el gobierno danés permite a determinados tipos de establecimientos a obligar a sus clientes a pagar con tarjeta. Pero, ¿por qué este interés en reducir el efectivo circulante? Las razones, a continuación.

¿Por qué se quiere rebajar los pagos en efectivo?

Los motivos que llevan a determinados gobiernos a impulsar medidas para limitar el pago en efectivo son los siguientes:

  • Luchar contra el blanqueo de dinero: el dinero proveniente de actividades ilegales, evidentemente, no se declara y se cobra en efectivo. Entonces, para conseguir “blanquearlo”, las personas o empresas que realizan esta práctica utilizan distintas estrategias para que vuelva en el circuito normal de la actividad. Así, por ejemplo, compran propiedades por un valor distinto al que realmente es o se abren negocios sin actividad real a los cuales se les atribuye una serie de ingresos que realmente no tienen. Si desaparece el efectivo, estas prácticas no podrían desarrollarse y se dispondrían de más herramientas para frenar el blanqueo de capitales.

 

  • Fomentar el consumo: una de las consecuencias de los tiempos de crisis que hemos vivido ha sido la caída o retracción del consumo. Si hay menos consumo, las empresas no pueden ingresar lo suficiente como para mantener la actividad al mismo ritmo y se ven obligadas a realizar recortes de plantilla. Ello provoca que la capacidad adquisitiva de la población aún baje más y vuelve a iniciarse el mismo círculo vicioso que solamente consigue que la situación vaya empeorando cada vez más. Se cree que, si la gente va con la tarjeta, al ser un medio de pago más cómodo, tendrá más predisposición a gastar. Ahora bien, también hay que tener en cuenta que, si no hay dinero en la cuenta o hay muy poco, tampoco se podrá realizar el consumo. Por lo tanto, la mejor manera de activar el consumo es dotar de capacidad adquisitiva a la población, mediante una seguridad laboral que le permita gastar y unos servicios sociales que le aseguren unos mínimos básicos.
  • Luchar contra la evasión de impuestos: en una línea muy similar a la primera, se comenta que, si no existe efectivo, será más complicado realizar estas prácticas. Ahora bien, lo cierto es que existen medidas legales de evasión de impuestos (mediante paraísos fiscales), que son tomadas por grandes capitales. Por lo tanto, en ese sentido, si realmente se quiere perseguir este objetivo, lo más adecuado sería tomar las medidas adecuadas para que estos instrumentos dejaran de poder utilizarse.
  • Facilitar las transacciones comerciales: se habla de un tema de comodidad, ya que es mucho más fácil y rápido realizar el pago de esta forma que contando el importe en efectivo necesario.
  • Llevar una relación o control de los gastos: muchas veces, las personas, al gastar en efectivo, no somos conscientes de lo que llevamos gastado. En cambio, si hay en un espacio una relación de todos los gastos que se han llevado a cabo, es más fácil saber a cuánto suben nuestros gastos y a organizar de forma más adecuada las finanzas tanto de particulares como de empresas (aunque éstas últimas ya realizan la práctica totalidad de los pagos importantes con tarjeta o transferencia).

¿Qué críticas tiene esta medida?

No todo el mundo considera positiva la retirada del dinero en efectivo en circulación. Básicamente, los motivos que esgrimen son los siguientes:

  • Voluntad de control y falta de privacidad: hay quien comenta que, si todas nuestras operaciones quedan reflejadas, las grandes corporaciones o gobiernos, por mucho que existan cláusulas de confidencialidad, podrán acceder a todos nuestros movimientos y datos. Lo consideran un ataque a la privacidad y una forma de poder elaborar estrategias para, a partir de nuestras preferencias, llevar a cabo determinadas acciones.
  • Obligación de tener en entidades financieras el capital: si no existe el dinero en efectivo, deberemos tener este dinero, evidentemente, en alguna entidad financiera. Según estas voces críticas, entonces, este importe depositado corre el riesgo de ser utilizado, por ejemplo, para hacer frente a determinados agujeros que puedan tener estas entidades o el mismo sector público o corre el riesgo de quedarse congelado y sin uso en caso que suceda una situación como un corralito (tal y como vivimos hace poco en Grecia). 
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