Fernando Giner, Director de MBA en INEDE Business School

“El mundo ha demostrado dos modelos empresariales de éxito: el alemán y el americano”

“El mundo ha demostrado dos modelos empresariales de éxito: el alemán y el americano, por lo que España, como comunidad empresarial, tiene que decidir hacia qué modelo se quiere acercar, o en su defecto, crear el suyo propio”, comenta Fernando Giner, empresario y académico (Director de MBA en INEDE Business School). 

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Inicialmente Giner expone el modelo alemán, donde las empresas, con un tamaño sustancialmente más grande que las españolas,  “juegan codo con codo con los trabajadores y todos son uno”, señala este asesor.



Allí el concepto trabajador-empresario no es tan dispar como en España. La jerarquía es más horizontal. Se apuesta mucho por la formación y las empresas lo que hacen es especializarse en un nicho de mercado”, explica.



Por otro lado, existe el modelo americano, sobre todo el de la Costa Oeste, del que dice está especializado en nuevas tecnologías y trabajos muy lowcost, con apenas derechos para los trabajadores, y “donde si hoy no me gustas te despido y a otro tema. Un modelo demasiado abierto”.



Por su parte, Giner entiende que la empresa española depende mucho de su empresario y que no existe un modelo propio, que “deberíamos de crear entre todos, con nuestra manera de ser, con nuestra climatología y con nuestras especialidades que nos hacen únicos”, apunta este inquieto emprendedor, quien entre otras cosas creara el Club de Estrategia y Gestión Empresarial (CEGE), lugar de encuentro entre empresarios y directivos.



Sin embargo, a falta de un modelo empresarial propio, Giner opta por adoptar el de los alemanes, rompiendo las barreras entre empresarios y trabajadores, porque según afirma: “Todos somos empresarios”.



“No debe haber una barrera entre el trabajador y el empresario en la empresa, sino que todos somos lo mismo. Lo que pasa es que unos apuestan su tiempo su ilusión y su talento, y otros su patrimonio y también su esfuerzo, pero todo es lo mismo”, explica Giner, quien opina que en España necesitamos dar un giro en esa dirección.



A los trabajadores les pide implicación en unos momentos complicados para las empresas, mientras que los empresarios deberían tener “memoria histórica”.



“Hay que apoyar al empresario, porque son los que de verdad crean empleos, ahora bien, también deberíamos de tener memoria histórica y acordarnos en estos momentos que la gente está arrimando el hombro”, señala Giner, quien comenta que en la actualidad existen muchísima personas que se han bajado el sueldo, que hacen horas extra y todo por sacar la empresa adelante.



Por lo tanto, si la empresa llega a tener beneficios, este empresario es partidario de que estas ganancias repercutan en todos, ya que “si las cosas han ido bien, ha sido gracias no solo al esfuerzo del empresario, sino de todos”.



Giner va incluso más allá y habla de que en el siglo XXI el empresario debería de ser el primer sindicalista.



“El empresario debería ser el que más se preocupara por los derechos, por la calidad de vida y por la ilusión de sus trabajadores. Y es que esto redundaría en beneficio propio, porque cuanto mejor es el clima laboral, mejor son los resultados”, asegura.



En su camino por recortar esa distancia entre empresario y trabajador, Giner también se inclina por reducir la diferencia salarial entre directivos y el resto de la plantilla, procurando que la desigualdad no sea “astronómica”.



En este sentido, parece que la tendencia es todo lo contrario, ya que según un estudio de EADA Business School la brecha salarial no para de incrementarse. Y es que según Giner, mientras trabajadores y mando intermedio han perdido poder adquisitivo – la inflación acumulada desde 2007 ha sido del 13%, mientras que el aumento de los salarios ha sido del 7 y del 13% respectivamente - la alta dirección lo ha ganado, con un aumento del 16,9%.



Por lo tanto, y aunque Giner estima que no se puede pretender que gane lo mismo el que arriesga y el que aporta valor que el que no lo hace, todo tiene un límite y hay que ir a cosas razonables.