Detroit, una ciudad que busca una nueva oportunidad

Una de las ciudades que más ha sufrido en el siglo XX y comienzos del XXI en USA ha sido la mítica Detroit. 

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Una vez pasó el trauma de la Gran Recesión, la ciudad está viviendo un progresivo proceso de “desurbanización. El reto que se plantea para sus habitantes no es reconstruirla, es idear una nueva ciudad adaptada a unos nuevos tiempos.

En estos primeros años de siglo se están produciendo enormes cambios. En Oriente podemos ver como siguen empeñados en construir ciudades densas como método elegido a la hora de construir urbes que soporten su estructura económica y social. En Estados Unidos parecen que caminan hacia lo opuesto, la desurbanización.

Todo esto podría hacer que estemos ante cambios de modelos. En 1950 Detroit era la cuarta ciudad más importante de USA y en las últimas décadas parece como si se hubiera ido deconstruyendo poco a poco. No se ha podido anticipar que factores como la globalización o el capitalismo digital fueran a provocar una inversión en los procesos urbanos. Las predicciones solían avistar más urbanizaciones, multicéntricas y carentes de jerarquía, imitando quizás las redes que se tejen en Internet.

Detroit un modelo de urbe del siglo XX se ha quedado entre dos mundos, un pasado que parece desvanecido y un presente en el que tanto la economía como la arquitectura no saben todavía el modo en el que solucionar los problemas que se han presentado. La ciudad ha ido perdiendo población, afrontando destrucciones de la construcción, bajada de la densidad de población, una desaparición de las plusvalías y una fuerte caída de los precios de los inmuebles.

Los datos no engañan y de las 1.850.000 personas que estaban empadronadas en 1950 se ha pasado a unas 700.000 en estos últimos años. Detroit tiene un gran simbolismo, ya que era la ciudad que representaba la fortaleza industrial de Estados Unidos y un modelo a futuro. El futuro estaría caracterizado por una economía con una base, la tecnología, que en el caso de la “Motortown” era el automóvil.

El paso de los años hizo de Detroit una ciudad donde desapareció la edificación, se abandonó la propiedad privada, bajo el nivel de población, la bancarrota municipal y la pérdida de densidad hasta que se alcanzaron los coeficientes antiurbanos que se pueden explicar por la suma de factores. Las ciudades actuales también pueden desaparecer o borrarse.

En Detroit quieren dar una segunda oportunidad a su propia ciudad y no quieren reconstruirla, ya que además de que no sería lógico tampoco habría medios para hacerlo. Se está reforestando los múltiples espacios vacíos. 

 

Una de las iniciativas que podríamos denominar estrella, ha sido un programa de empleo que ha utilizado a ciudadanos en paro para con la debida formación en técnicas de derribo sostenible y en economías de reciclaje de materiales que se aplican a los más de 40.000 edificios ya desaparecidos. Esto ha tenido también un efecto positivo en la bajada de la tasa de paro en la ciudad.

El Berlín de 1950, una ciudad devastada, aunque por razones bélicas ha sido uno de los espejos que demuestran que las ciudades si hay voluntad de ello pueden tener una segunda oportunidad. Las nuevas urbes parece que se encaminan a ser lo que los ciudadanos quieran, una ciudad al servicio del ciudadano y no al revés.

Detroit no será la ciudad que era, pero sí que puede convertirse en un lugar mejor en el que vivir y donde sus ciudadanos convivan en una ciudad amable y con unos servicios adaptados a las verdaderas necesidades de la población en el siglo XXI.

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